Héctor Rustherford Guerrero Flores, el temido cabecilla de la organización criminal transnacional Tren de Aragua —por quien Washington ofrecía una recompensa de cinco millones de dólares—, murió en el estado Bolívar durante un ataque táctico del Comando Sur de Estados Unidos, ejecutado en «estrecha coordinación» con las fuerzas de seguridad venezolanas.
El anuncio de la muerte del «Niño Guerrero», convertido en uno de los prófugos más buscados de Sudamérica, lo hizo el presidente estadounidense, Donald Trump, a través de su red social Truth Social. El pronunciamiento puso fin a días de intensos rumores en el país caribeño sobre un hermético despliegue militar en las zonas mineras del sur de Venezuela.
El nuevo tablero geopolítico
Este histórico hito militar se produce apenas cinco meses después de la captura de Nicolás Maduro por parte de las autoridades estadounidenses. Paradójicamente, la administración de Washington acusaba previamente al régimen chavista de cooperar con el Tren de Aragua en delitos de extorsión, secuestro, narcotráfico y trata de personas. Hoy, la realidad bajo la tutela estadounidense sobre Caracas muestra una dinámica de cooperación radicalmente distinta para erradicar a la megabanda, catalogada como organización terrorista por los EE. UU.
Guerrero, de 42 años, se encontraba en fuga desde septiembre de 2023, cuando evadió el polémico operativo gubernamental en el centro penitenciario de Tocorón, la prisión del estado Aragua que el criminal había transformado en la base de operaciones continentales del grupo.
Según el Departamento de Estado de EE. UU., que sancionó formalmente a Guerrero en julio del año pasado, el capo logró evolucionar una pandilla carcelaria dedicada al chantaje local hasta convertirla en una amenaza para la seguridad pública de todo el hemisferio, extendiendo sus tentáculos por América Latina hasta penetrar en ciudades estadounidenses.
De delincuente común a «Príncipe» de Tocorón
El ascenso criminal del «Niño Guerrero» comenzó a perfilarse en el año 2000 en su natal estado Aragua, donde incursionó en el microtráfico y fue ganando notoriedad tras liderar un ataque armado que cobró la vida de un funcionario de la policía regional, según registros de la organización InSight Crime.
Hacia 2015, Guerrero ya se consolidaba como el «Pran» (líder carcelario) indiscutible del Tren de Aragua. Aunque fue capturado y condenado en 2018 a 17 años de prisión tras admitir delitos de homicidio intencional, robo y ocultamiento de armas de guerra, la cárcel de Tocorón nunca fue un castigo, sino su fortaleza.
Dentro del penal, Guerrero vivía rodeado de lujos extravagantes:
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Una residencia fortificada de dos pisos donde realizaba reuniones y eventos.
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Acceso privado a una piscina, campo de béisbol y una discoteca bautizada como «Tokio».
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Un zoológico interno con animales exóticos.
Una estructura que sobrevivió a la propaganda
Tras la intervención de Tocorón en 2023, el chavismo intentó proyectar la narrativa de que la banda había sido «completamente desmantelada y derrotada». El propio Nicolás Maduro aseguró el pasado diciembre que la organización había desaparecido «con la ley en la mano».
Sin embargo, las masivas detenciones de operadores de la banda en Colombia, Chile y Perú durante el último año desmentían de forma sistemática el discurso oficial. La estructura criminal seguía operando con fuerza fuera de las fronteras venezolanas, una expansión que finalmente selló el destino de su líder al entrar en la mira directa del Pentágono.EFE









