Eglée González Lobato: Del conflicto a la gobernabilidad: por qué los acuerdos no bastan

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Eglée González Lobato: Del conflicto a la gobernabilidad: por qué los acuerdos no bastan

Un elemento adicional que resulta decisivo en la viabilidad de cualquier coalición es la disposición de sus integrantes a someterse a reglas comunes de decisión. La participación, por sí sola, no garantiza la funcionalidad del acuerdo

En contextos de alta fragmentación política, la formación de coaliciones suele presentarse como una condición necesaria para alcanzar acuerdos y abrir espacios de gobernabilidad; ciertamente lo es. Sin embargo, la experiencia comparada muestra que los acuerdos en sí mismos no bastan. El verdadero desafío reside en dotarlos de dirección efectiva a través de un proceso de toma de decisiones que los transforme en acción política.

Una coalición puede estructurarse sobre la base de acuerdos amplios y reunir un número significativo de voluntades, pero aun así carecer de un centro efectivo de decisión. Cuando esto ocurre, puede derivar en dinámicas de bloqueo, donde múltiples actores conservan capacidad de veto sin que existan mecanismos claros para procesar sus desacuerdos. En ese contexto, el costo de decidir aumenta y la acción política tiende a desplazarse hacia la inacción.

Otra variable subestimada es la necesidad de distribuir costos. Las coaliciones que logran sostenerse en el tiempo no son necesariamente aquellas que maximizan beneficios inmediatos para todos sus integrantes, sino aquellas en las que los actores aceptan asumir costos políticos y económicos. Cuando los acuerdos no implican concesiones verificables, tienden a permanecer en el plano declarativo, sin capacidad de modificar el comportamiento de los participantes ni generar compromisos duraderos.

En la transición española, los acuerdos entre actores diversos no se limitaron a la negociación de mínimos, sino que se articularon dentro de un esquema de conducción política claramente definido. El gobierno asumió la capacidad de ordenar el proceso, establecer prioridades y sostener una secuencia de decisiones que permitió avanzar desde la estabilización económica hacia la consolidación institucional. Los Pactos de la Moncloa implicaron la distribución efectiva de costos entre actores políticos, económicos y sociales, lo que les dio viabilidad y aceptación.

En contraste, otras experiencias muestran los límites de las coaliciones cuando esa capacidad no se consolida. En Guatemala, la fragmentación del sistema de partidos y la ausencia de mecanismos efectivos de conducción han hecho que esas coaliciones operen más como acuerdos circunstanciales que como estructuras de gobernanza colectiva. En ese contexto, la diversidad que inicialmente las fortalece tiende a transformarse en dispersión, lo que debilita su capacidad de incidencia en el tiempo.

Como ha señalado Douglass North, la estabilidad de los acuerdos no depende únicamente de su diseño, sino de la existencia de estructuras que permitan su aplicación efectiva en la práctica. En este sentido, diversos enfoques coinciden en que la viabilidad de las coaliciones depende más de la capacidad de establecer reglas, alinear incentivos y mantener mecanismos de toma de decisiones que las hagan operativas que de su amplitud inicial.

Un elemento adicional que resulta decisivo en la viabilidad de cualquier coalición es la disposición de sus integrantes a someterse a reglas comunes de decisión. La participación, por sí sola, no garantiza la funcionalidad del acuerdo. No todos los participantes contribuyen necesariamente fortalecer una coalición. Cuando algunos actores comprenden su presencia como un mecanismo para condicionar indefinidamente las decisiones o para reabrir de manera permanente los términos del entendimiento, la coalición pierde capacidad de acción. En esos casos, más que contribuir a la gobernabilidad, la participación puede convertirse en un factor de bloqueo. La sostenibilidad de los acuerdos exige, no solo inclusión, sino disciplina frente a las reglas que los hacen operativos.

En contextos complejos como el venezolano, el desafío es triple: alcanzar acuerdos con la mayor amplitud posible, dotarlos de una dirección eficaz que los traduzca en acción y asegurar la disposición de sus integrantes a someterse a reglas comunes de decisión. Sin esa convergencia entre amplitud, dirección y disciplina, la coalición deja de operar como instrumento de gobernanza y puede derivar en una forma institucionalizada de la parálisis, que haría inoperante incluso el logro de un acuerdo nacional.

@egleegolobato

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