En un contexto marcado por el escepticismo de diversos sectores en Washington y Caracas, el subsecretario de Estado de EE. UU., Christopher Landau, ofreció declaraciones exclusivas para NTN24 sobre los desafíos de la transición venezolana. Su mensaje fue claro: no habrá un desarrollo económico sólido si no existe un avance paralelo en la reinstitucionalización democrática del país.
El binomio economía-política: Una relación compleja
Para Landau, el éxito de la nueva etapa venezolana depende de un equilibrio delicado. «La evolución política y económica del país tiene que ir de la mano y eso se complica», admitió el alto funcionario, enfatizando que los capitales internacionales requieren reglas claras antes de comprometerse con el mercado local.
«La incertidumbre es el peor enemigo de la inversión; por ello, estamos trabajando con las autoridades venezolanas para incentivar el desarrollo económico», subrayó.
Reformas bajo la administración de Delcy Rodríguez
Al ser consultado sobre la paradoja de negociar con figuras del chavismo mientras se buscan cambios estructurales, Landau no evadió la realidad operativa en el terreno. Reconoció que Venezuela atraviesa un «desastre económico» tras dos décadas de gestión fallida y confirmó que la Casa Blanca mantiene una interlocución directa con el gobierno que lidera Delcy Rodríguez.
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El objetivo: Impulsar reformas políticas desde adentro.
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La estrategia: «Estamos trabajando con el gobierno que existe, pero también estamos incentivando y empujando reformas políticas a la vez», detalló.
El límite de la apertura económica
Landau fue enfático al responder a quienes critican la rapidez con la que se están abriendo sectores estratégicos (como el petrolero) sin haber concretado una transición democrática plena. Según el subsecretario, existe un límite que no debe cruzarse: el paso económico no debe adelantarse excesivamente al paso político.
«Eso es muy delicado y en eso estamos», concluyó Landau, reafirmando que la meta final de la administración estadounidense sigue siendo alcanzar un punto donde la transición democrática sea irreversible y la inversión privada goce de garantías jurídicas plenas.









