Editorial de El Nacional: Una victoria de lujo

Editorial de El Nacional: Una victoria de lujo

Contra pronóstico, la selección venezolana de beisbol derrotó a la multicampeona selección de Japón. Por primera vez el equipo nacional que lidera Shohei Ohtani -una estrella única del juego de pelota, que batea y lanza con igual eficiencia- se queda fuera de las semifinales del Clásico Mundial de Beisbol.

Los nuestros llegan por segunda ocasión a la penúltima estación de este singular torneo que se juega antes del inicio de la temporada de las Grandes Ligas estadounidenses y, por tanto, bajo unas reglas de límites y restricciones atípicas para un torneo mundial en el ámbito deportivo.

Como sea, nuestro alegre y ruidoso equipo está a un partido de poner su nombre en la final. Pero antes un rival impensado, que es la sorpresa mundial: Italia, que dirige el ex receptor venezolano Francisco Cervelli. La selección azzurri, tan poderosa en el fútbol con sus cuatro campeonatos, sin seguridad ahora mismo de estar presente en el Mundial de este año -con sedes en Estados Unidos, México y Canadá- se hace sentir en este deporte en el que los jonrones sustituyen el grito de gol y desatan una euforia semejante.

¿Cuál final quisieran los venezolanos? Contra República Dominicana o contra Estados Unidos. Los primeros, rivales caribeños, dominadores abusivos de la Serie del Caribe en su segunda etapa, y que reúnen una extraordinaria camada de jugadores jóvenes que ya son figuras indiscutibles en el beisbol de las Grandes Ligas. Pero el equipo de las barras y las estrellas es la primera potencia -también- en los parques de pelota, aun cuando solo hayan ganado un Clásico Mundial.  Hay cuentas pendientes con uno y con otro. Y recientes.

En unas cuantas horas sabremos si Venezuela celebra, que mal no nos vendría para el ánimo colectivo. Es la nuestra una selección talentosa, con presente y futuro, que ataca con contundencia y hace esas jugadas “pequeñas” que con menos relumbrón cambian el curso de un partido.

En ningún otro juego colectivo podemos aspirar a lo más alto. Nuestro país ya fue campeón mundial de beisbol un poco antes de la mitad del siglo pasado, en torneos que entonces eran de carácter aficionado. Ahora, aunque sea por unas horas, podemos aspirar a lo máximo. La victoria frente a Japón -nada menos que 8 a 5 y con tres truenos inolvidables de Acuña, García y Abreu- tiene que funcionar como un refuerzo de confianza para enfrentar a rivales que sobre el papel pueden parecer superiores, pero que lo tienen que demostrar en el campo. ¡Play ball!

 

Editorial de El Nacional 

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