El tradicional desfile del 5 de julio, que este año conmemoró los 215 años de la Declaración de la Independencia de Venezuela, estuvo lejos de ser un acto meramente protocolar. En un discurso marcado por la justificación y la defensiva, la sucesora de Nicolás Maduro, Delcy Rodríguez, anunció la creación de una nueva unidad militar especializada en desastres naturales. La medida se lee en los círculos políticos como un intento urgente de contener el costo político y los cuestionamientos generalizados hacia la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (FANB) tras los devastadores sismos del pasado 24 de junio.
Una nueva estructura para responder a la ineficiencia en el terreno
La nueva unidad, bautizada como Unidad de Tarea Especial de Emergencia «Gran Mariscal de Ayacucho Antonio José de Sucre», estará liderada por el general de brigada Pabón Castellanos.
Sin embargo, el anuncio técnico no logró ocultar el trasfondo político. La decisión llega tras una semana de intensos reclamos civiles en zonas críticas como La Guaira, donde los familiares de las víctimas denunciaron en redes sociales y medios independientes la asfixiante lentitud del Estado, la falta de maquinaria pesada y la carencia de equipos especializados de rescate durante las horas más cruciales bajo los escombros.
A pesar de la evidencia en el terreno, Rodríguez optó por un enfoque de polarización para blindar a la institución militar, pilar fundamental del sostenimiento de su gestión:
“Han querido atacar a nuestra fuerza armada, denigrándola, atacándola, y nosotros los hemos visto a ellos ahí ayudando al pueblo, salvando vidas, sacando cuerpos. Me hago responsable por nuestra FANB”, afirmó de forma tajante.
El fantasma del estallido social y el despliegue de novatos
El discurso oficial también dejó en evidencia el temor del Ejecutivo a que la crisis humanitaria e institucional se traduzca en protestas callejeras. Rodríguez rechazó de manera frontal las alertas de analistas sobre focos de conflictividad social debido a la escasez de agua, luz y viviendas destruidas.
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La postura oficial: «No entiendo cómo en estos momentos de dolor (…) hay quienes se atreven a la miseria de planificar estallidos sociales. Aquí lo que hay es solidaridad», fustigó la mandataria.
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La realidad logística: En un movimiento que genera dudas entre expertos en gestión de riesgos, Rodríguez ordenó el despliegue inmediato a La Guaira de más de 800 oficiales y tenientes de corbeta recién graduados en el acto militar.
El envío de personal técnico recién egresado a una zona de desastre estructural, en lugar de rescatistas profesionales de carrera (como bomberos o personal de Protección Civil, históricamente desfinanciados), abre interrogantes sobre si la prioridad del gobierno es la eficiencia técnica en el rescate o el control territorial y el orden público en las comunidades afectadas.












