Claudio Nazoa:Cuentos de Papas

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Claudio Nazoa:Cuentos de Papas

 

Cuento I

 

No hay certeza de que sea cierto o quizás tan solo una leyenda, pero existe una ancestral e interesante historia sobre una mujer quien, haciéndose pasar por hombre, logró llegar a ser Papa. Su nombre: Juana la Papisa. El cronista dominico Jean de Mailly, en su libro Chronicon Pontificum Imperatorum (Historia de los Papas y los Emperadores), nos habla acerca de ella.

Juana era una mujer que vestía de hombre y que, fingiendo serlo, obtuvo el cargo de secretario de la curia. Por su inteligencia y conocimiento, fue nombrada cardenal y finalmente Papa. Un día, mientras cabalgaba en una procesión, dio a luz a un niño. Inmediatamente ataron su pie a la cola de un caballo y la arrastraron por las calles de Roma mientras el pueblo la apedreaba. Así murió. Dicen que después de tan vergonzoso engaño, todo Papa electo debía sentarse en una silla de madera que tenía un hueco en el asiento y otro sacerdote verificaría si poseía órganos masculinos y diría: “duos habet et bene pendentes”, que quiere decir: “tiene dos y cuelgan bien”.

Cuento II

 

El Papa alemán, Joseph Ratzinger, Benedicto XVI, fue acusado injustamente de ser nazi. Lo que realmente pasó fue que, por ser Ratzinger un joven alemán y Hitler haber llegado al poder, se vio obligado, como todos los niños y adolescentes de ese país, a formar parte de la Juventud Hitleriana en donde eran adoctrinados y preparados para la guerra. Con respecto a esto, les voy a contar una historia

Cuando Alemania irrumpió en Polonia, el ejército invasor llegó a un pueblito polaco en donde casi todos sus habitantes habían huido por el avance de sus tropas, quienes, literalmente, llegaban arrasando y matando.

Un grupo de jóvenes soldados entra a una iglesia y descubre rezando a un adolescente polaco, quien no había huido a pesar de haber podido hacerlo. Los alemanes rodearon al muchacho y él, inmutable, continuaba con sus oraciones. Todos lo apuntaron con sus armas.

– ¿No tienes miedo? –preguntó uno de los soldados.

– No –responde el joven polaco.

– Pero, no entiendo, ¿sabes que te podemos matar y sin embargo no tienes miedo? –replicó un joven sargento alemán sin dejar de apuntarle muy cerca y directamente a la cabeza.

En ese instante, una luz inmensa ilumina el altar y se escucha una voz sobrenatural que dice:

-¡No lo hagan! ¡Déjenlo en paz! … ese hombre a quien amenazan un día será Papa.

Todos los soldados soltaron las armas y se arrodillaron. El joven sargento, bajó lentamente su arma y mirando hacia el altar mayor, le preguntó a la voz.

– ¿Y yo? ¿Qué voy a ser?

– Ratzinger… tú también serás Papa.

 

Cuento III

 

Al morir, Juan Pablo II va directamente al cielo. Después de subir una enorme escalera que comenzaba en el Vaticano, llega cansado a la puerta principal de la casa de Dios en donde había una aldaba de hierro. Con ella toca la puerta varias veces mientras, extrañado, piensa: “Qué raro que nadie me espera. Seguro que san Pedro y Dios me tienen una fiesta sorpresa de bienvenida”.

Juan Pablo tocaba y tocaba el aldabón hasta que, a través de una celosía, se asoma san Pedro a quien a duras penas se le ve la cara.

– Señor, disculpe. Si usted es evangélico –dijo Pedro- puede retirarse. Aquí somos católicos.

– No, por favor… yo soy el Papa. Acabo de morir y vengo emocionado para encontrarme con Dios.

– Señor, ¿usted está seguro que venía para acá?

– ¡Sí, claro …! Esto debe ser una broma. Por favor, pregúntele a Dios por mí. Yo fui su representante en la tierra. Él lo recordará.

– Ya va. Espere un momento.

San Pedro va hasta donde está Dios, quien se encuentra reunido con el arquitecto venezolano Carlos Raúl Villanueva y con otros ángeles, también arquitectos, pues están trabajando en la creación de un universo nuevo.

– Mi señor –dice san Pedro– allá afuera hay un hombre que dice ser el Papa y dice también haberlo representado a usted en la tierra.

– No sé de qué hablas, Pedro –responde Dios- dile que estoy ocupado.

– Maestro, dijo también que hace 2024 años, usted envío al ángel Gabriel para que le anunciara a María que sería madre de su hijo Jesucristo, quien nació en un portal de Belén y quien, luego de predicar su palabra, murió crucificado a los 33 años, resucitando al tercer día para redimir a los hombres de sus pecados y lograr para ellos la vida eterna.

Dios escucha atentamente cada palabra de san Pedro. Reflexivo, mira fijamente una nube pasar en un intento de entender.

-¡Ahhh …! ¡Yaaa …! Ahora lo recuerdo … Pedro, ¿no puede ser? … pero entonces, ¿ese proyecto se dio?

 

Claudio Nazoa 

 

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