El Consejo Económico y Social de las Naciones Unidas (ECOSOC) es uno de los cinco órganos principales de la ONU creado en 1946 que tiene el encargo de coordinar la cooperación económica, social y de derechos humanos entre Estados miembros, agencias especializadas y la sociedad civil; y supervisar los comités que vetan el acceso de organizaciones no gubernamentales (ONG) y definen políticas globales. Pues bien, en sus sesiones entre el 8-10 de abril de 2026, el ECOSCO eligió a reconocidos regímenes violadores de los derechos humanos para cumplan las función de supervisión en esa materia.
Elecciones en ECOSOC y sus comités
Por aclamación, vale decir, sin oposición, el ECOSOC incorporó a China, Cuba, Nicaragua, Arabia Saudí y Sudán al Comité de Conferencias de ONG (o Comité de ONG), que evalúa y acredita a miles de organizaciones no gubernamentales para su participación en foros de la ONU, pudiendo bloquear a críticos de abusos estatales.
Paralelamente, nominó a Irán al Comité de Programa y Coordinación (CPC), un cuerpo subsidiario que supervisa la implementación de resoluciones de la Asamblea General en temas como derechos humanos, igualdad de género y lucha antiterrorista, nominación que avanza automáticamente a votación final en la Asamblea; y el insólito resultado fue que países con Estado de Derecho como Reino Unido, España y Francia respaldaron estas decisiones al no disentir, contrastando con la protesta solitaria de USA.
Como se puede observar, naciones democráticas y con ciudadanos que viven en convivencia, apoyando a tenebrosas dictaduras violadoras persistentes y permanentes de los derechos humanos!. En términos coloquiales, “Zamuros cuidando carne”!.
Consecuencias para la ONU
No es la primera vez que se presenta esta situación en que los criminales vigilan o supervisan a otros de su misma calaña: Estados acusados de violaciones sistemáticas (tortura, represión política y genocidios alegados) pueden filtrar ONG independientes, favoreciendo aliados y, por supuesto, erosionando la supervisión imparcial.
A nivel institucional, se puede pensar que actitudes irracionales o de conveniencia de otro tipo —políticas, económicas, religiosas, bélicas— legitiman no sólo todo el sistema de derechos humanos de la ONU sino también la propia institucionalidad de los organismos internacionales que, en lugar de cumplir con los objetivos de sus respectivas cartas fundacionales, se prestan, por conveniencias particulares o individuales, sobre los intereses generales de la humanidad.
Basta con observar la unánime reacción pública de indignación unánime en redes, medios independientes y ONGs: se percibe como una burla hipócrita al discurso global de derechos humanos, con frases virales como «el sistema no falla, revela su verdadera cara».
En fin, más allá de la inmediata reacción negativa ante tales actitudes, lo que se puede ver es una crisis institucional profunda que merece una meditación: la ONU y sus dependencias, así como otros organismos internacionales, no son «cascarones vacíos» sino organismos que por su diseño tienen vida propia, sostenidos por consensos diplomáticos que priorizan estabilidad geopolítica sobre principios.
Sin embargo, una parálisis permanente y constante, ante una falta de voluntad de resiliencia, podría condenar a la ONU y sus dependencias a una irrelevancia progresiva ante alternativas bilaterales o regionales, a menos que reformas radicales con sentido y voluntad de cambio —imprevisibles— restauren su autoridad moral.
El refrán venezolano «zamuro cuidando carne» (o variantes como «¿Zamuro cuidando carne? Eso nunca lo he agüitado») es una expresión popular del folclor llanero y criollo que denuncia la incongruencia de confiar algo valioso a quien es inherentemente incapaz de custodiarlo sin aprovecharse.
Se aplica a situaciones de desconfianza, como poner a un corrupto o avaricioso al cuidado de bienes públicos —por ejemplo, políticos administrando fondos estatales—. El zamuro (Coragyps atratus, buitre aura o gallinazo americano), carroñero oportunista y rapaz que devora carne podrida con astucia, simboliza al ladrón o traidor que espera el descuido para saquear; nadie le confía carne fresca porque su naturaleza lo traiciona.











