Beatriz de Majo:El narco submarino que engrasó la relación

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Beatriz de Majo:El narco submarino que engrasó la relación

El episodio fue de envergadura. Pero a los observadores casi les pasó inadvertido. Es que la reciente interceptación de un narco submarino con casi 10 toneladas de cocaína —valoradas en unos 440 millones de dólares— en una operación conjunta en el Pacifico entre fuerzas de Estados Unidos y de Colombia tiene especial significación en lo político, en lo estratégico y en lo simbólico.

Para Washington, la relación militar con Colombia no es un legado histórico cualquiera: es un activo geoestratégico irreemplazable en un hemisferio en el que los intereses estadounidenses en seguridad, narcóticos y control de rutas ilícitas marcan prioridades de política exterior. Desde la era del Plan Colombia los mecanismos de cooperación en inteligencia, despliegue naval y operaciones combinadas han sido pilares que las administraciones republicanas y demócratas han defendido con firmeza.

Ese contexto explica por qué, pese a las abrasivas tensiones recientes entre Bogotá y la Casa Blanca, el aparato militar colombiano siguió siendo un socio operativo fundamental particularmente en este decomiso. Según el Departamento de Estado la operación fue ejecutada con apoyo directo de las fuerzas armadas colombianas, lo que permitió detener a los cuatro tripulantes y destruir la cocaína incautada en aguas internacionales. La efectividad de la cooperación satelital se puso de relieve de manera notoria.

Este éxito operativo no debe ocultar una cuestión más profunda: los magros resultados del gobierno de Gustavo Petro en la lucha contra el narcotráfico tienen a Washington inquieto. En los últimos meses, las tensiones se hicieron evidentes cuando Petro llegó incluso a ordenar la suspensión temporal del intercambio de inteligencia con Estados Unidos como protesta por ataques a embarcaciones en aguas del Caribe considerados por él “violaciones del derecho internacional”.

Recordemos que la producción colombiana sigue siendo la principal fuente de cocaína que llega a suelo estadounidense. Colombia ha sido descertificada en esta materia y, aunque aún no se imponen sanciones, la percepción de resultados insuficientes o de falta de cooperación plena crea presiones en el gobierno americano para reconsiderar la ayuda, las sanciones o mecanismos de cooperación si no se demuestran avances más decisivos. Esta operación vino como anillo al dedo.

La captura del submarino fue seguramente planificada con anterioridad al encuentro cumbre entre Petro y Trump, incluso si su ejecución solo fue visible después de la reunión de Petro y Trump en la Casa Blanca. Operativos de esta envergadura requieren semanas o meses de inteligencia, patrullaje y coordinación logística antes de su resultado final.

Lo significativo es que la participación colombiana fue más evidente que en otras acciones unilaterales de Washington, y ese detalle importa: Petro pudo exhibir un resultado concreto tras las críticas de Trump y la prensa estadounidense, que han cuestionado tanto su gestión del problema de las drogas y su misma actuación al frente del gobierno colombiano.

Finalmente, para las fuerzas armadas colombianas, el mensaje de este operativo es claro: ellas siguen siendo un elemento operativo indispensable en la lucha contra el narcotráfico. Es probable que sectores de los militares y de inteligencia, que durante décadas han combatido estas redes en condiciones arduas, hayan visto con cierta frustración los roces diplomáticos recientes, pero también con alivio la reafirmación de su papel junto a Estados Unidos en una misión compartida. Un lote de droga de más de 400 millones de dólares no es una acción menor y sirve como estímulo operativo ante un entorno de recursos y prioridades políticas cambiantes. Sobre todo de cara al proceso electoral que, de no favorecer a las izquierdas, significará mucho para Colombia en su relación preferida don los Estados Unidos.

El flash mediático fue pobre si se toma en cuenta lo que esta acción conjunta representa en medio de la turbulencia política y diplomática entre los dos países y entre los dos presidentes. Es un recordatorio de que la cooperación militar y la coherencia estratégica con Estados Unidos siguen siendo un activo clave para los dos lados.

 

 

Beatriz De Majo

 

 

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