Beatriz de Majo: Washington y el ELN

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Beatriz de Majo: Washington y el ELN

El Escudo de las Américas, novísima iniciativa impulsada por el presidente Donald Trump y de la cual forman parte 19 países de la región latinoamericana, aprobó una declaración conjunta en la que declaran la guerra al ELN y otras 23 organizaciones armadas- también las disidencias de las FARC y el Clan del Golfo-   en la que afirman que endurecerán la persecución y establecerán medidas judiciales y financieras para acabar con sus actividades criminales. Otra de las acciones de este acuerdo será la de conseguir el apoyo de la OEA para que facilite acciones militares colectivas de seguridad en el territorio que los países de la OEA abarcan.

Sabido es que Venezuela no forma parte del Escudo de las Americas y también que Venezuela ha sido un aliviadero para los narcoterroristas colombianos que han encontrado en su territorio un refugio facilitado o impulsado por la aquiescencia activa del régimen Maduro- Cabello-Rodriguez y la colaboración de parte de la cúpula y las fuerzas militares.

El Plan Patriota 2, la nueva política de Defensa, Seguridad y Convivencia Ciudadana del nuevo gobierno de De la Espriella ha hecho de la frontera uno de sus enclaves de actuación estratégica. De hecho, hay operaciones militares de los días recientes en las que se han desactivado en la frontera unidades narcoguerrilleras y han sido dados de baja cabecillas insurgentes. Ello es demostrativo de la determinación de la nueva administración de usar su propia capacidad unida a la norteamericana para imponer el orden y recuperar el control efectivo por parte del Estado de los territorios ocupados por estas organizaciones criminales. También en Colombia el Plan Patriota 2 tiene a cargo el ataque sistemático a las economías ilícitas que financian sus actividades.

Ya desde mediados de 2025 algunos medios colombianos alertaban sobre el hecho de que la alianza del ELN con fuerzas venezolanas “les ha permitido la delimitación de corredores de narcotráfico, zonas seguras, operaciones militares ilícitas y actividades extractivas a lo largo de la frontera colombo-venezolana, particularmente en los departamentos de Arauca y Norte de Santander, específicamente en el Catatumbo”.

Pero es que hoy es ya conocido, y los hechos que lo comprueban constan en diversos informes de inteligencia colombiana apoyada por agencias de inteligencia de Medio Oriente, que la comandita armada por el ELN con las autoridades en suelo venezolano no se circunscribe a las fronteras y a la actividad de narcotráfico sino que se adentra ampliamente en el territorio, habiendo encontrado un importante asiento en la explotación ilegal del corazón minero del país. Para nadie es un secreto que el ELN es hoy por hoy uno de los principales actores de l actividad extractiva del arco minero del Orinoco.

Vastos territorios a pocos kilómetros de ciudad Bolivar con yacimientos de oro y diamantes a esta fecha están contaminados con la actividad de este violento grupo insurgente colombiano quien campa a sus anchas con apoyo oficial. Según informes de organizaciones como InSight Crime y Naciones Unidas, una parte significativa de los ingresos ilegales del ELN proviene de esta actividad extractiva la que cuenta con la complicidad oficial. Es esta oficialidad quien autoriza movimientos de armas y explosivos para el ELN y facilita el transito del producto de sus actividades ilegales a los sitios de exportación. Venezuela se ha convertido, además, en un centro de entrenamiento guerrillero en el área militar y doctrinal para jóvenes colombianos reclutados más allá de la frontera. Nuestros uniformados, miran hacia otro lado.

Imposible es terminar este articulo sin señalar que varios de los informes de inteligencia con que se cuenta en Colombia vinculan al ELN con actividades de Hezbolah en el eje binacional en el que convergen tecnología, financiación extranjera y logística militar.

Lo propio es interrogarse, pues, como se da de la mano la situación descrita con la presencia norteamericana en suelo venezolano a través de una fórmula de co-gobierno entre Washington y Caracas instaurada desde el 3 de enero a esta parte.  Y dónde quedan todos estos dislates frente a la persecución que promete el Escudo de las Americas al crimen organizado regional.

Hasta el presente, ni una sola declaración de personeros del gobierno en Washington se refieren a este entramado del que sigue siendo parte activa la actual administración venezolana al mantener una alianza criminal con grupos irregulares armados de Colombia y en particular con el ELN.

 

Beatriz de Majo

 

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