A pocos días de los comicios legislativos de mañana para la conformación del nuevo Congreso colombiano Delcy Rodríguez y Gustavo Petro se verán frente a frente en un encuentro cargado de simbolismo, pero, hoy más que nunca, vacío de contenidos prácticos. La carga simbólica de un acercamiento entre los dos países es siempre significativa por que no hay verdad mas grande que ninguno de los dos puede ignorar al otro. Pero que el resultado de este acercamiento sea beneficioso para alguna de las partes o para ambas, que es lo deseable, es harina de otro costal.
Lo que si es claro es que la circunstancia geopolítica continental y global no es la mejor para un encuentro para ninguno de los dos lados, ni tampoco el momento de cada país es el más auspicioso para hacer planes conjuntos dentro de una agenda “económica, energética y de seguridad, en el marco del fortalecimiento de la cooperación y las relaciones de respeto y trabajo conjunto entre ambos países”
Desde las elecciones venezolanas del año 2024 las relaciones formales entre Colombia y Venezuela se volvieron distantes y los contactos entre Gustavo Petro y Nicolas Maduro fueron esporádicos. Así lo fue de cara al público de cada país y de los observadores interesados del continente. En privado y por trascorrales debe haber habido cantidad de movimientos tácticos y estrategias fraguadas en la oscuridad de las que no nos enteraremos jamás.
Frente a la prensa, Gustavo Petro ha dejado claro, en más de una ocasión, que el proceso comicial venezolano estuvo, en su parecer, viciado, lo que impedía el reconocimiento de sus resultados por parte de la Casa de Nariño. A lo largo de 2025 el mandatario colombiano llegó hasta pronunciarse a favor de nuevas elecciones en el país vecino.
Petro no tenía simpatía ninguna por el movimiento político en el que derivó el chavismo con Maduro a la cabeza. En el fallido proyecto estrella del mandatario cordobés – La Paz Total-el dictador venezolano venía jugando un papel peligroso y nada útil para los fines de Colombia. Albergar y apoyar a la guerrilla del ELN, además de participar como actor en el siniestro negocio del narcoterrorismo, provocaba más distorsiones que otra cosa en el proceso de negociación de la paz colombiana con las fuerzas subversivas y los otros grupos criminales, pero además convertía a Maduro en un facilitador nada confiable de ese objetivo tan cacareado del gobierno del Pacto Histórico.
Así que hasta la llegada de Rodríguez al interinato había una doble agenda muy difícil de interpretar para terceros. Dentro de ella, sin embargo, nunca faltaron, por conveniencia común, declaratorias de solidaridad, de hipócrita pasión bilateral por una integración económica impracticable, de proyectos binacionales para regiones tan incendiadas como el Catatumbo y una miríada de proyectos que no podían ver la luz por falta de verdadera vocación política.
Ahora los dos lideres se van a reunir y el único signo que los une es el de la temporalidad. Delcy tiene los días contados porque la esencia de su curioso mandato no le viene de la voluntad de sus connacionales sino de Washington, quien la tiene constantemente en la mira y desconfía de ella al igual que de sus adláteres. Petro por su lado dejará la presidencia en pocas semanas. Dentro de esa temporalidad, ambos apuestan a una continuidad de su bando al frente del país sin que en el fondo los comprometa una identidad ideológica de ningún género. En lo único en lo que coinciden por entero Petro y Rodríguez es en la convicción – o en la conveniencia de parte de Delcy – de que será a través de elecciones en Venezuela que el país caribeño se encaminará hacia un futuro más estable. Ninguno de los dos juega un juego limpio y ambos apuestan a que el país no caiga en manos de quienes les hacen oposición. Petro instrumentará cuanta manipulación esté a su alcance por favorecer a la izquierda radical en las presidenciales y, del lado venezolano, los Rodríguez harán igualmente malabarismos para mantenerse en el poder a través del manejo tendencioso de las instituciones que normen y que controlen el proceso. Allí los americanos tienen una importantísima carta que jugar así que la interina no las tiene todas consigo.
Así que esa es la única carta a jugarse por parte de los dos corderitos que se reunirán en un par de semanas a buscar vías para consolidar una relación bilateral que lleva más de dos décadas haciendo aguas por todas partes. Esta es una relación que, en la hora presente, no está madura para convertirse en nada útil ni para el comercio ni para las inversiones que son la esencia de una verdadera integración binacional.
Dentro de la desconfianza mutua, lo que será la tónica del encuentro, de nuevo se quebrarán lanzas a favor de la quimera del estrechamiento de vínculos. Se interpretarán los dos himnos, eso sí, en señal de hermandad, pero, una vez más, será otro encuentro hueco y mentiroso.
Beatriz De Majo








