Decir que los años recorridos por el siglo XXI, han sido favorables al empeño pregonado, resulta una verdadera grosería. Es decir, una gruesa incorrección que no tiene nombre. Cualquier resultante, sonará a exabrupto del más rapaz y crudo que pudiera tener cabida en el léxico que formaliza la narrativa que entienda el caos desde la anarquía que su esencia convoca.
Ninguna realidad se desarrolla acusando la intrascendencia que otras realidades alcanzan. Muy a pesar de los esfuerzos que sus menguadas capacidades intentan realizar.
Perspectiva de la teoría política
La teoría política hace ver que la grandeza de una realidad, sólo puede decidirla el devenir representado por la pluralidad humana. Condicionado dicho devenir a que su trazo, convertido en ejercicio político, sea capaz de alcanzar los niveles de excelencia y progreso que el desarrollo pretendido y anunciado, logre alcanzar el máximo grado, tanto a lo interno como a lo externo posible que el espacio político, económico y social pueda permitir.
De hecho, cualquier análisis que pueda realizarse de lo que ha sido cualquier país de ideología retorcida -particularmente- en los primeros años de intentos por posibilitar la materialización de la parafernalia discursiva electoral que, los procesos comiciales anuncian, da cuenta del desastre realizado. Además, sin contemplación o consideración de ninguna índole.
Implicaciones de perfil político
Las realidades actuales apuestan a revertir la calamitosa situación que esos países -con líneas de gobierno autocráticas- han sido objeto. La exclusión que mayor contradicción ha inducido, luego de la retahíla de promesas que marcan los discursos y compromisos electorales dirigidos a ganar el espacio político requerido para escalar los niveles de poder político necesarios y suficientes para lograr los escaños y sitiales de gobierno que garantizarían el dominio popular perseguido, pudo haber comenzado con el “debilitamiento progresivo del voto”, asumido como criterio gubernamental.
La anterior apreciación no es indicativa de acusación alguna infundada, injustamente establecida, por la intención de contrariar las determinaciones que han llevado a la administración pública a apuntalar la crisis de Estado que da cuenta de las distorsiones que desbalancean el equilibrio sobre el cual debe sopesarse la gestión gubernamental. Asimismo, dicha situación pudiera achacarse al problema que incita el despelote de realidades poco motivadas y altamente desordenadas en su constitución, organización y funcionalidad.
El crecimiento como problema
En síntesis, el problema que esta disertación busca concienciar es -sin duda- de naturaleza epistemológica toda vez que se ha visto, aunque poco comprendido y menos atendido, la fenomenología que compromete al crecimiento y progreso como realidades.
El crecimiento que enmarca la teoría del desarrollo, no es de orden exclusivamente cuantitativo. Antes que todo, es de naturaleza cualitativa. Por cuanto en la esquematización que puede originarse del respectivo análisis situacional, se hallan comprometidas razones que condicionan el discurrir político. Aunque no todo el discurrir político relacionado con lo que atiende el proselitismo, debe ser visto como criterio de accionamiento populista.
Aclaración de rigor
Para entender lo anterior, cabe citar a Hannah Arendt cuando al aludir al concepto de política, (En: ¿Qué es la política?) en términos de su justificación, explica que: “el hombre se realiza en la política, siempre y cuando se beneficie de los mismos derechos que le son garantizados a los individuos más diversos y diferentes (…)”. Su participación es lo que da sentido y expresión a la política. Pero entendida al ocupar los espacios que, naturalmente, son establecidos por la “pluralidad humana”.
Es esa la conditio sine quo non según la cual se hace posible la integración del ser humano como parte activa del conglomerado que perfila el acontecer político. Sobre todo, si se comulgan intereses que comprometen el devenir social o colectivo. De lo contrario, se estarán habilitando conductos capaces de destruir la capacidad productiva de una nación. Indistintamente de las necesidades que puedan justificar el desempeño económico, cultural o industrial en toda su extensión.
Al cierre
En consecuencia, de resistirse a comprender el caos que muchas veces lo encubre la misma obstinación que caracteriza a toda una gestión político-administrativa, los mismos factores políticos, económicos y sociales, que prometían el más sonreído horizonte, constituyen las más negativas y problemáticas razones que terminan bloqueando las directrices de cambio anunciadas y prometidas de un país. Es decir, las realidades-problemáticas.
Antonio José Monagas









