Antonio de la Cruz:Venezuela regresa: petróleo, poder y seguridad energética global

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Antonio de la Cruz:Venezuela regresa: petróleo, poder y seguridad energética global

 

Durante años, la historia petrolera venezolana estuvo dominada por una paradoja: el país con las mayores reservas probadas de crudo del planeta había dejado de ser decisivo para el mercado que ayudó a construir. Producción menguante, infraestructura deteriorada, sanciones, falta de inversión y aislamiento comercial transformaron una potencia energética en una promesa atrapada bajo tierra.

En 2026 esa historia comienza a cambiar.

Venezuela produce alrededor de 1 millón de barriles diarios (Mbd) y más de 500.000 bpd están siendo enviados a Estados Unidos. En dirección contraria, el mercado estadounidense suministra más de 100.000 bpd de nafta, indispensable para diluir los crudos extrapesados venezolanos.

No estamos simplemente ante un incremento de producción. Está reapareciendo una arquitectura energética que parecía políticamente imposible hace pocos años.

El regreso de la geografía

Las crisis energéticas tienen una característica recurrente: terminan recordándonos que la geografía continúa importando.

Venezuela está a pocos días de navegación de la costa del golfo estadounidense. Posee enormes recursos de crudo pesado y extrapesado, mientras algunas de las refinerías más sofisticadas de Estados Unidos fueron configuradas precisamente para procesar ese tipo de petróleo.

La complementariedad resulta evidente.

Estados Unidos suministra diluyentes, capital, tecnología y servicios; Venezuela produce y acondiciona crudo pesado y los tanqueros lo transportan hacia refinerías estadounidenses capaces de transformarlo eficientemente.

Es un circuito industrial construido durante décadas y debilitado por decisiones políticas, sanciones y deterioro operacional. Ahora comienza a recomponerse.

La seguridad energética nunca ha consistido únicamente en disponer de petróleo. También depende de dónde se encuentra, quién lo produce, cómo llega al consumidor y qué riesgos existen entre el yacimiento y la refinería.

En un mundo afectado por conflictos, vulnerabilidad de rutas marítimas y creciente competencia geopolítica, medio millón de barriles venezolanos diarios adquiere un valor superior a su simple participación estadística en la oferta mundial.

Venezuela vuelve a tener valor estratégico.

Cuando lo impensable se vuelve razonable

Existe además una transformación política menos visible.

Hace algunos años habría resultado extraordinario imaginar simultáneamente a Estados Unidos comprando más de 500.000 bpd venezolanos, suministrando diluyentes para facilitar su producción y creando mecanismos regulatorios que permiten determinadas operaciones e inversiones.

Sin embargo, las políticas energéticas evolucionan cuando cambia el contexto.

Primero una idea parece impensable. Después se considera radical. Más tarde comienza a discutirse, se vuelve aceptable, posteriormente razonable y finalmente puede convertirse en política pública.

Eso está ocurriendo con Venezuela.

La discusión estadounidense está dejando de formularse exclusivamente alrededor de la pregunta: ¿cómo restringir la industria petrolera venezolana?

La nueva pregunta comienza a ser: ¿cómo integrar determinados barriles venezolanos dentro de una estrategia compatible con los intereses energéticos estadounidenses?

Es un cambio fundamental.

Las licencias estadounidenses representan el puente entre ambos paradigmas. Ya no estamos simplemente ante la dicotomía de mantener o levantar sanciones. Está apareciendo una arquitectura mucho más selectiva: operadores autorizados, actividades específicas, suministros permitidos, compradores identificados y condiciones regulatorias.

La política de sanciones empieza así a convivir con una política de reintegración energética administrada.

El primer millón es diferente del próximo.

Sin embargo, existe el riesgo de interpretar la recuperación actual como prueba de que Venezuela ya reconstruyó su industria. No es así. Hay una diferencia considerable entre recuperar producción y crear nueva capacidad productiva.

Reactivar pozos, realizar mantenimiento, eliminar restricciones comerciales, asegurar diluyentes y recuperar infraestructura puede elevar relativamente rápido la producción. Pero pasar sostenidamente de 1 Mbd hacia 2 Mbd, y posteriormente aspirar a 3 Mbd, exige otra escala de capital y ejecución.

El próximo millón de barriles necesitará más taladros de perforación, rehabilitación de instalaciones, oleoductos, almacenamiento, terminales, mejoradores, electricidad, servicios petroleros y financiamiento.

También necesitará gas.

Venezuela mantiene un déficit estimado de alrededor de 500 millones de pies cúbicos diarios de gas natural. No es un detalle secundario. El gas conecta producción petrolera, generación eléctrica, petroquímica y recuperación industrial.

La historia energética demuestra que los cuellos de botella migran.

Ayer podía ser comercialización. Después fueron los diluyentes. Mañana pueden ser electricidad, gas, taladros o infraestructura.

De la soberanía sobre el recurso a su productividad

La reforma petrolera venezolana introduce otra transformación.

Durante décadas el debate se concentró en quién controlaba el recurso. Ahora la pregunta relevante es quién posee el capital, la tecnología y la capacidad operacional necesarios para convertirlo en producción.

Los Contratos de Participación Productiva (CPP) representan ese cambio conceptual.

Para campos maduros, pozos cerrados y proyectos de recuperación rápida, pueden constituir instrumentos eficaces: el Estado conserva el recurso mientras el inversionista aporta capital, equipos, tecnología y capacidad de ejecución a cambio de una participación económica vinculada al desempeño.

Pero para proyectos que requieren miles de millones de dólares y horizontes de veinte o treinta años, la flexibilidad contractual no será suficiente.

El capital internacional hará una pregunta mucho más sencilla:

¿Se respetará el contrato?

Ese interrogante puede terminar siendo más importante que cualquier estimación geológica.

El barril más difícil

Venezuela posee petróleo suficiente para sostener una expansión extraordinaria. Lo que todavía debe demostrar es que puede crear condiciones suficientes para financiarla.

Las compañías necesitan contratos bancables, estabilidad fiscal, reglas transparentes, capacidad para recuperar inversiones, mecanismos confiables de resolución de controversias y protección frente a decisiones arbitrarias.

La ecuación de la recuperación actual puede resumirse así:

Reservas + mercado + diluyentes = recuperación.

La ecuación del crecimiento será considerablemente más exigente:

Reservas + capital + tecnología + gas + electricidad + infraestructura + contratos confiables + Estado de derecho = producción sostenible.

Esta diferencia determinará si 2026 representa simplemente un rebote o el comienzo de un nuevo ciclo petrolero.

Una nueva arquitectura hemisférica

Lo que está emergiendo entre Venezuela y Estados Unidos tampoco debe interpretarse como un regreso exacto al pasado.

Es algo diferente.

El nuevo modelo combina intereses comerciales, licencias regulatorias, participación privada, supervisión estadounidense y una creciente preocupación por la seguridad energética hemisférica.

En este escenario, el petróleo venezolano deja gradualmente de ser observado exclusivamente a través del prisma de la confrontación política. Recupera su condición de activo industrial y estratégico.

Eso no significa que hayan desaparecido los riesgos. Significa que la realidad energética está obligando a reconsiderar las categorías con las que ambos países se observaron durante años.

La proximidad vuelve a importar. La calidad del crudo vuelve a importar. Las refinerías vuelven a importar. Sobre todo las instituciones comienzan a importar tanto como las reservas.

El verdadero yacimiento está sobre la superficie

Durante un siglo, Venezuela buscó su futuro energético bajo tierra. Allí todavía se encuentra una riqueza extraordinaria.

Pero el desafío de esta nueva etapa está en otro lugar.

Para avanzar desde 1,25 Mbd hacia una producción capaz de transformar nuevamente la economía venezolana, será necesario reconstruir simultáneamente infraestructura física y capital institucional.

Los barriles adicionales no surgirán únicamente de la Faja del Orinoco. Surgirán de contratos que se respeten, inversiones que puedan recuperarse, electricidad confiable, disponibilidad de gas, empresas capaces de operar y reglas que sobrevivan a los gobiernos.

Venezuela está regresando al mapa energético mundial porque el mercado necesita nuevamente lo que posee. Pero la geología solamente abre la puerta.

El próximo millón de barriles no dependerá de descubrir más petróleo. Dependerá de construir un país donde vuelva a ser posible invertir para producirlo.

Las opiniones emitidas por los articulistas  son de su entera responsabilidad y no comprometen la línea editorial de Confirmado.com.ve