Adolfo P. Salgueiro: Más sobre la mesa

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Adolfo P. Salgueiro: Más sobre la mesa

El tema de la mesa de negociación sigue ocupando la atención de algunos sectores que aún confían en que ese camino puede llevarnos hacia algún principio de solución política. Quien esto escribe no se anota entre los optimistas.

Los partícipes de la tal mesa siguen careciendo de toda legitimidad. La Asamblea Nacional 2015 continúa existiendo solo en la mente de Trump, mientras el gobierno venezolano demuestra con toda claridad que solo acepta el tal diálogo porque así lo manda Papá Trump. Las reuniones que ha habido, las fotos y los comunicados, en nuestra opinión, dan cuenta de lo aquí afirmado.

En la semana pasada, el centro de la discusión era la coordinación de esfuerzos para lograr sobreponernos a la catástrofe natural del terremoto. Hoy nos enteramos que la cuestión del oro depositado en el Banco de Inglaterra asume el eje de la discusión.

Mientras tanto, Miraflores sigue sin liberar a los presos políticos pese a las insistentes presiones internas y externas. Los familiares de esas personas marchan una y otra vez en numerosas vigilias y movilizaciones que logran notoriedad mediática cada vez menor y los que detentan el poder hacen todo lo posible para ignorar el asunto. Aun cuando desde Washington parece que Mister Rubio insiste en reiterar el tema, resulta evidente que Miraflores no quiere entregar esa ficha de negociación, cuyo tira y encoge resulta de las tensiones internas del chavismo/madurismo, hoy fracturado entre los que necesitan obedecer al tutor y los chavistas originales, cuyos personajes emblemáticos (Mario Silva y la Fosforito), pocos ya, montan espectáculos callejeros de protesta que sí logran alguna notoriedad.

Así las cosas, cuando llega el tema del oro parecen haber olvidado que ese tesoro no es de la voluntad de los negociadores, sino que se mantiene en custodia en Londres como consecuencia de una medida judicial inglesa que determinó que su destino depende de la interpretación de la legalidad constitucional venezolana, que determinará quién tiene derecho legal para reclamar su devolución, y que, además, tal decisión sea comunicada y aceptada por el Banco de Inglaterra que por ahora es responsable de su custodia.

No ignoramos la conveniencia de recuperar ese oro la cual es evidente. Nuestro reclamo radica en la prioridad del asunto, que en nuestra opinión por ahora no es otra que convenir un mecanismo que permita la realización de elecciones libres y prontas.

Mientras tanto, suponemos que Washington, interesado en dilatar este tema, no será quien empuje la aceleración de esta etapa, al tiempo que el rodrigato apueste —como hemos afirmado ya muchas veces— a un resultado poco favorable para el Partido Republicano en las venideras elecciones legislativas pautadas para el venidero 3 de noviembre.

También es interesante poner la lupa en las crecientes tensiones que se generan en los Estados Unidos, como se acaba de comprobar en la reciente aprobación por la Comisión de Relaciones Exteriores del Senado, en la que esa instancia ha expresado su reclamo al Ejecutivo seguramente pensando en las consecuencias electorales de esa misma elección.

Lo anterior nos lleva a considerar la diabólica habilidad de Jorge Rodríguez, quien en varias ocasiones anteriores (Barbados, Noruega, etc.) ha demostrado su olímpico desprecio por los compromisos negociados. Nos imaginamos que ante la posible pérdida de control del oficialismo en alguna de las Cámara del Congreso, que puede poner en dificultad el resto del período presidencial de Trump (elecciones de 2028), los actuales usurpadores de Miraflores puedan visualizar un escenario menos desfavorable.

Valga la oportunidad para mencionar otro tema crucial para el devenir venezolano: la deuda externa y los compromisos existentes como consecuencia de múltiples sentencias internacionales desfavorables a Venezuela. Se habla de doscientos mil millones de dólares que han venido a ocupar papel central en las decisiones que tanto el gobierno usurpador actual como el legítimo del futuro deberán encarar.

Sobre el particular solo tenemos información parcial, pero sí sabemos que existen posiciones radicalmente opuestas.

Existen desde quienes promueven el desconocimiento total (default) hasta quienes postulan una negociación más civilizada y realista.

Quienes hoy ocupan Miraflores ya han designado (sin licitación alguna) un intermediario profesional privado para atender el caso, que —como es de suponer— incluye el cobro de jugosas comisiones por la gestión.

Quienes aspiran gobernar en el futuro también han pensado en el tema y allí afloran dos posiciones opuestas: declarar el default y no pagar nada o negociar algún arreglo aceptable. Hemos visto al exministro Miguel Rodríguez sostener la tesis del default y también hemos observado la opinión de quienes piensan en el asunto con vistas al largo plazo.

Naturalmente no pagar nada resulta atractivo y complace el discurso populista.

Quien esto escribe pide se tenga en cuenta lo que, en su momento, decidió el presidente Kirchner de Argentina, quien optó por el default. El resultado fue que por los siguientes veinte años Argentina no pudo obtener ni un solo préstamo de instituciones multilaterales y apenas alguno que otro auxilio de aliados ideológicos (China), lo cual mantuvo a su país fuera del ámbito internacional, hasta que llegó Milei optando por soluciones negociadas que permitieron el inmediato retorno al circuito financiero. El tema no es poca cosa para una Venezuela que requerirá reconstrucción casi total no solo por el terremoto, sino por la destrucción anterior de toda su estructura industrial y comercial.

Mientras tanto, seguiremos con atención y poco optimismo lo que se discuta y logre en la famosa mesa.

 

Adolfo P. Salgueiro

apsalgueiro1@gmail.com

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