¿Sabes qué fue el pitagorismo?
noviembre 7, 2019 8:57 pm

Pitágoras fue un matemático griego del siglo VI a. C., ampliamente conocido por sus aportes a la geometría. No obstante, además de estudiar la naturaleza numérica del triángulo, este griego se dedicó a desarrollar una doctrina filosófico-religiosa, que sería conocida precisamente como pitagorismo.

 

 

 

Que un matemático sea al mismo tiempo un hombre de religión puede resultarle contradictorio a algunas personas. Pero hay que tener en cuenta que en el mundo al que Pitágoras perteneció, la ciencia, la filosofía y la religión iban de la mano; este detalle va a ser muy importante para entender el pitagorismo.

 

 

 

Antes de asentarse en Grecia para crear su escuela o hermandad de filósofos, Pitágoras viajó a Persia, donde se dice que conoció al mago Zoroastro. Estuvo además en Egipto y Asia Menor. También recorrió la patria de los fenicios y la de los caldeos.

 

 

De su estancia en el extranjero, Pitágoras adquirió diversos conocimientos. De los egipcios adoptó el interés por la geometría y la adivinación, entre los fenicios aprendió sobre aritmética y cálculo; y los caldeos lo introdujeron en el estudio de los cuerpos celestes.

 

 

 

 

El credo pitagórico

 

 

 

De vuelta en Grecia, Pitágoras utilizó los conocimientos obtenidos como base para desarrollar su doctrina filosófica; una visión del cosmos que compartía varios aspectos con el misticismo oriental. Parte de las enseñanzas de Pitágoras serían más tarde regadas por el mundo griego y romano, gracias a sus discípulos.

 

 

 

Para Pitágoras, la constitución del Universo estaba cifrada en los números. “La creación” fue concebida por la divinidad como un todo regido por una armonía numérica, por lo tanto, si el hombre observaba las leyes que mantienen esa armonía y los aplicaba a su vida (en la forma de unos preceptos éticos), el mortal podría alcanzar la sabiduría, y con esta la inmortalidad.

 

 

 

 

Los pitagóricos creían que después de la muerte el alma humana renacía en el cuerpo de otro ser vivo, a este fenómeno se le conoce como metempsicosis. Pero qué forma de vida habría de tocarle a cada quien, en suerte dependía de la constitución ética y moral de la persona. Se podía volver como humano, león o lobo, pero también como asno, mono o planta.

 

 

 

 

La contemplación de la armonía lleva a la ascesis; el acatamiento de una vida ascética lleva al conocimiento, el conocimiento lleva a la virtud, y la virtud a la purificación del individuo, que es el paso previo para alcanzar cierto grado de divinidad; así se podría resumir el credo del culto pitagórico.

 

 

 

 

Los preceptos de la conducta

 

 

Es importante destacar que según el pitagorismo los seres puros y sabios podían mantener sus recuerdos, y de ese modo, al renacer, no cometían los mismos errores. Pero para alcanzar la pureza, los iniciados tenían que acatar una serie de preceptos, cuya finalidad era inculcar en el individuo una actitud contemplativa, libre de excesos y despojada de la carga del deseo.

 

 

 

 

No se conserva ninguna obra de Pitágoras. Todo lo que se sabe sobre su vida proviene de las biografías hechas por tres autores helénicos (Diógenes Laercio, Porfirio y Jámblico), a partir de materiales dispersos. Esto hace que la información que se posee sobre los preceptos del pitagorismo a veces esté incompleta o resulte poco clara al transmitir el sentido práctico de una norma.

 

 

 

En la biografía de Diógenes se dice, por ejemplo, que Pitágoras especificaba que “Nada se ha de creer propio. Que se ha de favorecer la ley y perseguir la injusticia. Que no se han de arrancar ni destruir las plantas buenas ni hacer daño a los animales que no son nocivos”.

 

 

 

Menos transparente resulta la prohibición a comer habas, que Diógenes se explica por el deseo de Pitágoras de evitar que sus discípulos consumiesen un alimento en cuya composición predominaba (según las creencias de la época) el elemento del aire; algo que quizá podría terminar haciéndolos más dispersos y menos consistentes en sus hábitos.

 

 

 

Con información de: Culturizando