La maldición de Hugo (3)
octubre 14, 2014 2:14 pm

La guerra es un asunto demasiado serio para dejarlo en manos de los militares. Georges Clemenceau

 

El advenimiento de Hugo hemos dicho, entre imprecaciones y denuestos anunció el arribo del odio, la segregación y la marginación como políticas del gobierno y del estado mismo. Desde la campaña electoral el discurso del Comandante candidato contenía frases y gestos propios del esquizoide proceso que lo convirtió en un líder diferente. La antipolítica había fraguado y con ella el extravío populista y la irresponsabilidad del cuerpo político consecuente.

Hugo representó, el gobierno por dieciséis años ya de militares en los espacios de los civiles, con su compulsiva tendencia a desconocer la legalidad y la inagotable e ininterrumpida casuística de abusos de toda la jerarquía. Lo peor sin embargo lo podemos resumir en tres capítulos. Primeramente la incompetencia en el ejercicio de la función pública que ha desplomado en espacios capitales la calidad de las prestaciones y en áreas claves como salud, educación, seguridad y servicios públicos. Seguidamente; la impresionante corrupción tolerada y auspiciada por Hugo que promovió la mutación de la clase militar hacia todos los planos de influencia estatal convirtiéndola en la actual oligarquía que nos desgobierna y aflige. Finalmente; frivolizar a la Fuerza Armada Nacional y reconocerle un peso institucional cuasiautoritario que paradójicamente los aleja de sus funciones elementales con respecto a la soberanía a cambio de la tarea pretoriana que con gusto asumieron en detrimento de la sociedad venezolana. Tal anatema chavista nos deja rehenes de quienes abandonaron sus faenas naturales dejándonos a la merced de cubanos, chinos, rusos y hasta guyaneses usurpadores todos y cotidianos sin olvidar la guerrilla, el narcotráfico y las pandillas de asesinos y maleantes a los que se han aliado y que se hacen llamar colectivos.

Pero Hugo no podía dejar de lisiar al país que nunca quiso ni respetó. Dilapidar más de un millón de millones de dólares en ofrenda a su obsesiva adicción a los aplausos y reconocimientos de toda una legión de lisonjeros y adulantes nacionales e internacionales imponiendo toda clase de gravámenes a nuestros intercambios supuso un enorme y gravoso costo de oportunidad que se refleja en una gestión pública que solo muestra como gran ejecutoria el dispendio y la botarate de Seiscientos mil millones de dólares en un pseudo gasto social que en misiones y ayudas pretendió comprar el alma de los pobres engañándolos y envileciéndolos. Dejó pues pasar el tren del desarrollo con los recursos a cambio de estimular el rebusque, el cinismo, la falacia y la mediocridad de la sociedad venezolana.

El socialismo fue su última hacienda y la versión gitana de la maldición. Ahora no hay mercado y el rentismo petrolero no da para lo que antes daba. Somos más pobres que nunca y nos miramos de reojo. No hay estado sino gobierno y entre la ideología y la incapacidad asistimos a una dictadura de la mediocridad. Gracias Hugo ¡

 

 

 

Nelson Chitty La Roche



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