El largo adiós de Theresa May
junio 7, 2019 6:57 pm

 

La premier renuncia al liderazgo ‘tory’ mientras el Partido del Brexit suspende su primer examen

 

 

Theresa May, en su despedida (Alastair Grant / AP)

 

 

Theresa May abandonó ayer el liderazgo tory, el Labour celebró una inesperada victoria en la elección parcial de Peterborough, el establishment respiró aliviado y el Partido del Brexit, de Nigel Farage, perdió la oportunidad de obtener su primer escaño en el Parlamento de Westminster. Enseñó los dientes, ladró mucho, pero no llegó a morder. Esa conjunción de elementos, metidos en una coctelera como para hacer un mojito, puede ser importante de cara a lo que ocurra en la política británica en las próximas semanas.

 

 

May firmó ayer la carta de dimisión como líder del Partido Conservador británico, aunque permanecerá como primera ministra en funciones hasta la elección de su sucesor, a finales de julio. El de ayer fue, por tanto, el primer capítulo del que será sulargo, y anunciado adiós. Los candidatos que aspiren a sucederla tienen de plazo hasta el próximo viernes para presentarse.

 

 

¿Lo tenía todo a favor?

 

El partido de Farage pudo ganar un escaño en Peterborough, pero el Labour lo retuvo

 

 

Las elecciones de Peterborough fueron para Farage, que era el claro favorito en esta ciudad del centro de Inglaterra que votaba para cubrir un escaño vacante (arrebatado a su titular laborista por intentar endosarle a su hijo una multa por exceso de velocidad), una gran decepción. Hasta el punto de que abandonó la sala donde se hacía el recuento por la puerta trasera. Un 61% de los habitantes de Peterborough votaron por la salida de Europa en el referéndum, y parecía una ocasión que ni pintada para dar un espectacular golpe y conseguir su primer diputado sólo dos meses después de la fundación del Partido del Brexit, heredero del UKIP.

 

 

El Labour, sin embargo, ha conservado el escaño por una combinación de factores: la escasa participación (menos del 50%), el apoyo masivo de la población de origen paquistaní, la fragmentación del voto tradicional tory (los conservadores, castigados por el caos del Brexit igual que en las elecciones municipales y europeas, quedaron sólo terceros), y el mensaje de Corbyn de que no sólo se trata de resolver la relación con Europa, sino que hay que poner sobre la mesa el látigo de la austeridad, la falta crónica de vivienda, el deterioro del nivel de vida y los derechos de los trabajadores, la congelación de los sueldos, la delincuencia, los problemas de la educación y la sanidad, los abusos de las compañías eléctricas, de agua, gas y ferrocarriles, que actúan como cárteles e imponen tarifas prohibitivas. De todo ello se puede hacer una extrapolación de cara a las próximas elecciones generales, previstas para el 2021 pero que pueden adelantarse a cualquier momento en el contexto de la sucesión de May.

 

 

El cambio de liderazgo

 

Pese a la renuncia de ayer, la premier seguirá en el cargo hasta finales de julio

 

 

La todavía primera ministra abandonó ayer formalmente el liderazgo tory pidiendo unidad a su partido, y que la persona que la releve implemente el resultado del referéndum, aunque no se decantó por un Brexit sin acuerdo como la mayoría de aspirantes en una competición que comienza el lunes, y está previsto que acaba a mediados de julio con un playoffentre los dos candidatos que obtengan, tras una serie de votaciones y descartes, mayor apoyo entre el grupo parlamentario. El favorito es Boris Johnson, con los ministros Michael Grove, Jeremy Hunt, Matt Hancock y Sajid Javid entre los rivales más a tener en cuenta.

 

 

El triunfo de la activista sindical laborista Lisa Forbes en Peterborough no se trató de ninguna proclamación, porque fue por tan sólo 683 votos y una caída considerable del apoyo comparado con las elecciones generales del 2017. Pero una victoria es una victoria, más aún cuando es inesperada, y la historia la escriben los ganadores. Lleva a pie de página, sin embargo, un asterisco. El Partido del Brexit tuvo la miel en los labios y el nombre de su candidato, Mike Green (un empresario local que hasta hace dos semanas era virgen en materia política), apareció en un 29% de las papeletas, a pesar de que el Partido del Brexit se fundó hace sólo dos meses y carece de manifiesto y de programa, más allá de la ruptura radical con Europa. Es monotemático, pero un tercio de los habitantes de la localidad –y del país– lo respaldan.

 

 

Peterborough, con 200.000 habitantes, es una circunscripción marginal que hasta ahora oscilaba casi en cada elección entre tories y laboristas, representativa del malestar que impera en el país. Su economía y esperanza de vida languidecen un poco por debajo de la media nacional y el paro está un poco por encima, la productividad es baja, los sueldos se hallan congelados desde hace años, y numerosos inmigrantes (sobre todo de la Europa del Este, pero también portugueses) recogen fresas y verduras en los campos de los alrededores, y consiguen empleo mal pagado en las plantas de procesamiento y centros de distribución. “Trabajan duro, en cosas que nosotros no haríamos –admite Margaret Simpson, dependienta de una tienda–, pero han roto la identidad de la ciudad, que ya no parece Inglaterra”.

 

 

Buena parte de la culpa de los problemas de Peterborough los tiene la austeridad de la última década. La financiación del Gobierno central ha bajado de 100 millones de euros anuales a sólo 15, el presupuesto del Ayuntamiento ha registrado recortes del 14%, falta vivienda de protección oficial (compañías privadas cobran alquileres exorbitantes por los apartamentos más sencillos), hay dos mil personas sin techo y a los cocineros del banco de comida del Ejército de Salvación no les falta trabajo. El tejido social se tambalea y los blancos de clase trabajadora –como los de Ohio o Pennsylvania en Estados Unidos de Trump– sienten que han perdido su sitio y carecen de futuro.

 

 

Si el Partido del Brexit hubiese ganado el escaño, los tories se habrían sentido aún más amenazados y habrían optado aún con mayor fuerza por un ultraderechista que implemente el Brexit duro y saque al país de la UE el 31 de octubre. Y el Labour se habría encontrado bajo enormes presiones para decantarse de manera inequívoca por un segundo referéndum. Pero no ha sido así. Corbyn ha interpretado el resultado como un refrendo de su “ambigüedad constructiva” para conservar el voto de los remainers y perder el menor número posible de leavers.

 

 

La Vanguardia
RAFAEL RAMOS, PETERBOROUGH. CORRESPONSAL



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