“Enseguida comenzaron a llegar los primeros pacientes. Eran demasiados, muchísimos: niños, adultos, personas de la tercera edad. En el momento que yo entré al hospital llegaron 10 pacientes de golpe. Y en cuanto abrieron la puerta, entraban de a tres, cuatro a la vez. Los teníamos en camillas, en sillas, de pie, en el piso (suelo)”. Las primeras palabras de Yesy Medina, cirujana de traumatología en el hospital público Domingo Luciani de Caracas, parecen extraídas de uno de las capítulos estrella de las series médicas inmortales, ya sea Urgencias de la antigua televisión o The Pitt en streaming.
Yesy Medina, de 38 años y natural de Puerto Ordaz, al oriente del país, es un ejemplo de la venezolanidad de hoy, reconstruida desde las tragedias, que se ha profundizado y que con parecida precisión de sus bisturíes es capaz de separar a sus gentes de bien de los demonios que también abundan. En dos semanas de trabajo desenfrenado, el equipo del que Medina forma parte, en torno a una treintena de especialistas, ha llevado a cabo 215 operaciones, de las que 30 llevan su firma. En otras 15 ha participado como ayudante.
“Era tanta la cantidad de gente que empezamos a colocar adhesivos en los brazos o donde fuera visible. El primer paciente más delicado que llegó fue una muchacha que estaba en un ascensor con su familia y el ascensor cayó. Ella tenía fracturas en la columna y en la pelvis. El segundo fue un muchacho de 18 años que vivía en La Guaira. La bombona de gas de su casa explotó con el terremoto y el chico llegó con lesiones, fracturas y quemaduras. Tenía el 40% de la superficie corporal quemada”, rememora la cirujana con tanta empatía que cada uno de ellos parecería que ya forma parte de su gran familia. Yesy también trabaja en dos clínicas caraqueñas, La Floresta y en el Centro Médico Docente de La Trinidad.
“Muchos llegaron de acá, de Los Palos Grandes (colapsaron varios edificios), pero a partir de las 9 de la noche (tres horas después del terremoto) empezaron a hacerlo desde La Guaira. Muchos niños, muchísimos. Todas las lesiones por aplastamiento, heridas abiertas, fracturas abiertas que en el momento empezamos a resolver en el quirófano. Hicimos medio centenar de fasciotomías para aliviar el síndrome compartimental (evita la necrosis muscular y las amputaciones)”, relata la doctora el maratón de aquellos días.
Entre el 24 y 25 de junio apenas durmió 40 minutos en una de las salas para los médicos. Las emergencias estaban colapsadas, con seis de nueve quirófanos disponibles. Yesy se encargó de ocho operaciones en esas primeras horas y participó como ayudante en otras seis.
Por: El Mundo









