Virgilio Ávila Vivas: Reinaldo Leandro Mora: el arte de la conciliación y el servicio público

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Virgilio Ávila Vivas: Reinaldo Leandro Mora: el arte de la conciliación y el servicio público

Hay nombres en la historia venezolana que, sin haber ocupado la presidencia de la República, han dejado una huella imborrable en la vida institucional del país. Uno de esos nombres es el del doctor Reinaldo Leandro Mora: educador, parlamentario, ministro, diplomático, escritor, pero por encima de todo, un servidor público íntegro, comprometido con el ideal democrático y con la unidad del pueblo venezolano.

Nacido en El Cardonal, estado La Guaira, el 23 de mayo de 1920, su vocación comenzó en las aulas. Era maestro de formación y de corazón, con una gran sensibilidad social. Pronto su compromiso con Venezuela lo llevó a ejercer responsabilidades de gran envergadura en el ámbito nacional e internacional.

Fue ministro de Educación durante el gobierno de Rómulo Betancourt, y más adelante embajador de Venezuela ante la Santa Sede durante la presidencia de Raúl Leoni. Este cargo, que lo puso en contacto con el mundo espiritual y diplomático del Vaticano, lo desempeñó con altura, con una capacidad de interlocución serena, basada en el respeto, la cultura y el entendimiento mutuo. Su relación con el sector religioso, tanto dentro como fuera de Venezuela, se caracterizó siempre por el diálogo, la comprensión de los valores espirituales, y el convencimiento de que la ética debía estar en el centro de la política.

Fue precisamente en ese periodo de gobierno, ya como ministro de Relaciones Interiores, cuando lo conocí personalmente: me correspondió presentarme ante él para juramentarme como gobernador de la isla de Margarita. Tenía yo entonces apenas 23 años de edad, lo cual me obligó a renunciar, pero ese fue el inicio de una amistad entrañable, forjada con respeto mutuo y una profunda estima que nunca se quebrantó.

En el Congreso Nacional, nuestras coincidencias se multiplicaron. Él fue senador por el estado Barinas, y yo representaba a Nueva Esparta. Compartimos visiones de país, y durante varios periodos legislativos coincidimos en la Comisión de Defensa del Senado, de la cual él fue presidente en varias ocasiones. Yo tuve el honor de ocupar la vicepresidencia de esa comisión en tres oportunidades, e incluso de asumir la presidencia de forma temporal durante sus ausencias. Allí pude conocer su profundo conocimiento del ámbito militar, su relación de respeto mutuo con las Fuerzas Armadas y su comprensión clara del papel institucional que éstas debían cumplir en la vida democrática.

Reinaldo Leandro Mora era un político completo: culto, firme, sereno y profundamente respetuoso. Siempre fue un hombre de criterio unitario, convencido de que la democracia sólo podía sostenerse si todos los partidos políticos —sin excepción— asumían su rol dentro del marco del respeto y el diálogo. Su vida fue un testimonio de esa convicción: buscaba siempre las coincidencias antes que las diferencias, los acuerdos nacionales antes que los enfrentamientos.

No deja de sorprenderme, incluso hoy, que un hombre con tantas virtudes, tan respetado dentro de Acción Democrática, no haya llegado a ser presidente de la República. Y sin embargo, nunca manifestó una ambición personal desmedida. Su vocación era el servicio al país, sin necesidad de títulos grandilocuentes. En lo personal, me acompañó en mis luchas políticas; me brindó sus consejos con afecto y generosidad y siempre tuvo una palabra de aliento basada en su vasta experiencia y en su comprensión de los tiempos políticos.

Después de ejercer la presidencia del Congreso Nacional entre 1984 y 1989, fue nombrado por el presidente Carlos Andrés Pérez como presidente de la Comisión Presidencial para la Delimitación de Áreas Marinas y Submarinas con Colombia, donde trabajó junto a figuras de la talla de Hilarión Cardozo y Pompeyo Márquez. Fue también un pensador profundo, autor de obras como La Comunidad Nacional, La Constitución de la República: Sin vocación a riesgo de vigencia efímera y textos sobre historia, arte y ciudadanía.

Murió en Caracas el 4 de noviembre de 2013, y con él se despidió una de las conciencias más lúcidas de la democracia venezolana del siglo XX. Su vida, su obra y su conducta pública siguen siendo un ejemplo de civilidad, de compromiso con los valores republicanos, y de respeto a la pluralidad.

Reinaldo Leandro Mora fue un hombre de palabra, de principios, de temple institucional. Su legado nos recuerda que es posible ejercer el poder sin arrogancia, construir consensos sin claudicar, y hacer política desde la dignidad, la inteligencia y el respeto. Fue, sin duda, uno de los grandes venezolanos de su tiempo.

 

Virgilio Ávila Vivas

1985. Julio, 2. Entrega del proyecto de reforma de la Ley del Trabajo a Reinaldo  Leandro Mora, en presencia de Hilarión Cardozo. - Rafael Caldera - sitio  web oficial

Rafael Caldera entrega el proyecto de ley de reforma a la ley del trabajo a Reinaldo Leandro Mora

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