Una nueva fórmula de seducción

Una nueva fórmula de seducción

¿Qué es realmente la seducción? ¿Cómo puede influir en nuestra autoestima? ¿Y en nuestra relación de pareja? Le hemos preguntado todas nuestras dudas a Lola Beccaria, autora de Mientras no digas te quiero (Planeta), “una novela honesta y sincera sobre el amor y sus consecuencias”.

 

En ella se cuenta la historia de seis mujeres que se apuntan a un taller para aprender a seducir, cada una con una motivación distinta, y que descubrirán una sorprendente fórmula de seducción que no estaba escrita en los libros.

 

¿Qué es la seducción?

Seducir es interactuar con el entorno para conseguir lo que necesitamos. Todas nuestras necesidades (alimentarnos, cobijarnos, tener trabajo, etc.) logramos satisfacerlas mediante algún tipo de seducción. Sin embargo, se ha especializado el concepto de seducción para referirse principalmente a nuestras necesidades amorosas y eróticas. Y aunque estas dos últimas tienen mucho en común, lo cierto es que no son lo mismo ni mucho menos, y hoy en día se confunden, lo cual crea malentendidos y muchas veces resultados agridulces, cuando no decepción y rabia.

De hecho, hoy día resulta bastante más fácil seducir con intenciones puramente sexuales; pero seducir a alguien con el anhelo de construir una relación afectiva de mayor calado, con perspectivas de futuro, eso se ha convertido en una actividad esforzada y heroica, bastante complicada de culminar con éxito.

 

¿Cuáles son sus claves?

Lo primero es darnos cuenta de lo que necesitamos. Cuando asumimos que no queremos una aventura de una noche, sino una relación de compromiso (aceptarlo a veces es duro, pues la corriente actual nos lleva al erotismo con más facilidad que a la implicación emocional), las cosas empiezan a tomar forma. Una vez marcado claramente el objetivo, entonces empezamos a reconocer el tipo de persona junto a quien podemos realmente alcanzar la felicidad que nuestro corazón anhela. Es un proceso de prueba-error que lleva cierto tiempo hasta que aparezca la persona adecuada, y con cuantos más ensayes, más opciones tendrás.

 

También es esencial darnos permiso para hablar, para expresar nuestras emociones con sinceridad y sentimiento. En tiempos pasados, por convenciones sociales, los hombres galanteaban a las mujeres y las agasajaban. En realidad, era su forma de decir «me importas, te quiero». Hoy día se han perdido esas convenciones. Hay un vacío en el lenguaje, en los gestos. Y sin embargo, seguimos esperando que ellos sepan ser románticos, que sepan leer en nuestro corazón lo que anhelamos; pero se han quedado sin criterios emocionales, de modo que raramente podrán leer en nosotras nuestras necesidades si no se las contamos. En general, los hombres siempre han dejado en nuestras manos las emociones, para que de algún modo se las tradujéramos. Pero nosotras hemos dejado de hablar, hemos dejado de pedir que la vida sea bella y que los hombres sean románticos. Hemos tirado la toalla, porque nos han hecho creer que ser modernas e independientes es callarse los sentimientos y porque nos resulta demoledor que un hombre nos humille o desprecie nuestra emoción genuina o tener que darle instrucciones de cómo sorprendernos o emocionarnos. Y, sin embargo, necesitaríamos atrevernos a decir lo que necesitamos.

 

Arriesgarnos a que den la espantada. Muchas veces nos enfadamos con los hombres cuando ni siquiera hemos expresado lo que deseábamos. Hay que probar a hablar, a decir lo que necesitamos. Es necesario permitirnos ser románticas (al estilo que cada una elija) para que los hombres puedan escuchar y aprender, porque, en el fondo, ellos también anhelan la comunicación amorosa.

 

¿Cómo podemos sentirnos más seductoras?

La seducción siempre dependerá del tipo de personalidad y del estilo de cada una. Lo importante es no forzarte a algo que no va con tu estilo. No hay un modelo fijo, inmutable, para todas las mujeres, eso es lo más importante, el principio básico. Lo que a una le vale a otra la puede hacer sentir incómoda. Por ejemplo, una mujer sofisticada puede seducir a través de su sentido de la sofisticación. Mientras que una chica deportiva, amante de la sencillez, puede ser igualmente muy seductora. Lo importante es no actuar, no adoptar una pose, sino ser tú misma.

 

Por eso, sí es cierto que existe un arma común a todas, y es precisamente la naturalidad. Aunque nos dé mucho vértigo, la expresión sincera de nuestras emociones es el arma más efectiva. No digo que nos comportemos como si estuviéramos en casa en zapatillas hablando con nuestros hermanos o amigos, pero sí debería ser algo parecido. La seducción en el fondo es mucho más simple de lo que pensamos, lo que nos hace especiales es precisamente ser nosotros mismos, y eso es lo más fácil de hacer, porque nos sale de manera automática, al menos, en una situación relajada, de no exigencia.

 

El problema surge cuando nos rigidizamos, cuando nos ponemos en modo “ligar». Ahí, en muchas ocasiones, es cuando la fastidiamos, paradójicamente, porque es cuando dejamos de ser nosotros mismas y empezamos a ser la persona que creemos que deberíamos ser. Creyendo, de algún modo, que la persona que somos carece de atractivos, cuando en realidad es esa persona, justo la que escondemos en nuestro interior, la que nos puede dar una lección de seducción. Por ejemplo, bromear y ser divertida, cada una a su estilo, es un arma invencible que no siempre practicamos cuando estamos en modo “ligar». Conservamos aún, en algún recodo mental de nuestra educación, la idea de que hay que ser una diva y mirar con distancia estudiada y sonreír con afectación. Ese es otro error. Ante la naturalidad, además, el hombre baja las armas. Se siente tranquilo y seguro, porque piensa que esa mujer no está en modo «ligar». Y de ese modo podemos ir entrando en su vida, ganando tiempo para que nos conozca. Los hombres no se enamoran de nuestro cuerpo, sino de nuestra alma. «Desean» nuestro cuerpo, y eso se evalúa con rapidez, mediante la vista, pero conocer el alma de alguien requiere algo más de tiempo. Y esa es la clase de tiempo que hay que conquistar.

 

Una nueva fórmula de seducción en cosmopolitan.com.es

 

¿Cómo nos ayuda sentirnos sexys, seductoras, a nosotras mismas como mujeres, a nuestra autoestima, nuestra visión de nosotras mismas?

 

En un ambiente de bares y copas es fácil dejarse llevar, pero también es arriesgado, pues ir demasiado deprisa hace que quememos etapas de seducción que tardarían semanas en construirse pero que son esenciales para establecer una relación de otro tipo. Ser impulsiva gratuitamente es una forma de perder oportunidades. El tiempo que «quemamos» en una noche difícilmente se puede recuperar después. Una vez que hemos mostrado todas nuestras armas eróticas la primera noche, nos quedamos desguarnecidas, y el hombre, sin lazos emocionales que puedan servirle de señuelo para querer continuar la relación, pierde el interés.

 

Y entonces es cuando nos derrumbamos, sin entender por qué no somos capaces de construir algo más sólido. Para la autoestima es tan importante la ropa que llevamos o el perfume que nos ponemos —la primera impresión entra por los ojos y nos tienen que ver guapas y arregladas, cada una a su estilo—, como manejar las claves de nuestro deseo. ¿Qué busco? ¿Sexo o amor? Una «seductora» prudente e inteligente dejaría una puerta abierta a la posibilidad de algo más y no quemaría el encuentro en unas horas. Se ha extendido la creencia de que una mujer moderna no debe tener complejos a la hora de un intercambio sexual en libertad, pero en ningún sitio está escrito que si no nos apetece, tengamos que culminar en la primera noche. Eso, además, no es seducir. Es matar moscas a cañonazos. Y la seducción es un arte. Escaso arte desarrollamos en una proposición erótica surgida del alcohol y las tres de la mañana. Algo que no va a dejar una gran huella «emocional» en el otro, por más que seamos unas artistas en la cama.

 

Los hombres nos han hecho creer que nuestro mayor atractivo es el erótico, solo para facilitar el acostarse con nosotras. Pero en realidad no deja de ser una nueva actitud de sumisión ante ellos. Les hacemos el trabajo y luego nos usan y nos tiran. Se olvidan de que ellos son las primeras víctimas de una educación ancestral en la que el reparto les ha adjudicado el papel más humillante. El tópico de que ellos son primariamente máquinas sexuales es, aparte de patético, irreal. Tanto los hombres como las mujeres somos seres humanos con una profunda necesidad emocional por cubrir. Y darle la espalda a esa necesidad es pagar un alto precio. Nos olvidamos de que el sexo es un refugio engañoso, que puede dejarnos más dolor y frustración posterior si cabe en el caso de que aspiremos a algo más.»Seducción» es también, por tanto, la planificación personal de nuestros sentimientos. Algo que protege y refuerza nuestra autoestima.

 

¿Cuáles son los efectos, pros y contras, de la seducción para nuestra relación de pareja?

 

La seducción se compone de diversas etapas. No es lo mismo seducir a alguien que acabamos de conocer que seducir en el seno de una relación de pareja consolidada. En general, siempre nos parece más difícil recuperar el deseo con alguien con quien llevamos años de convivencia, pero nos olvidamos de una verdad esencial: donde quedan brasas hubo una hoguera. Y reavivarla es más sencillo de lo que parece. Detrás de la recuperación del deseo erótico subyace una necesidad bastante más profunda.

 

Muchas veces le cerramos la puerta a la sexualidad porque emocionalmente no estamos satisfechos. Antes que desempolvar el liguero o ir a la tienda de artículos porno, es fundamental recuperar el lenguaje de los sentimientos. La ternura, los mimos, la expresión amorosa hacia el otro es el mejor afrodisiaco que puede haber en el mercado. Necesitamos que nos digan «te quiero», sentirnos amados. Y al mismo tiempo, el otro necesita la misma «medicina». Una vez que el alma ha hablado, el cuerpo recupera mágicamente el deseo. Es errada la extendida creencia de que recuperando el deseo erótico se recupera el amor.

 

El proceso es el contrario. Nadie que tenga una necesidad emocional sin cubrir en la que está implicada otra persona, puede recuperar el erotismo con esa persona hasta que no se resuelva (y satisfaga) esa necesidad pendiente. Cerramos la puerta a lo erótico como «venganza» inconsciente de nuestra necesidad afectiva sin cubrir. Y hasta que esa necesidad no se cubre, la libido permanece en stand-by, dormida en espera del beso enamorado que la despierte.

 

Fuente: Cosmopolitan.com.es

 

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