Si alguien se tomara la molestia de enumerar los dislates de este régimen, pasaría no horas sino días, o acaso semanas, elaborando una nómina que, en los últimos días, dado el desespero reeleccionario de Maduro, se ha incrementado exponencialmente. No exageramos: semejante esfuerzo no es ninguna minucia y podría constituir un significativo aporte a la elaboración de una antología universal del despropósito.
No prefigura el breve introito intención alguna de agotar este espacio listando disparates y desaciertos para atormentar al lector. Nos referiremos, sí, a una de las nefastas consecuencias que el escaso conocimiento de las ciencias económicas demostrado por el chavismo en general y su cabeza accidental en particular ha tenido en el desarrollo y funcionamiento de la vida en pareja: el costo de los preservativos.
El embarazo no deseado y la profilaxis sexual encuentran en el elevado y creciente precio de los condones un serio obstáculo para la prevención de tales riesgos. Ello se traduce en el crecimiento de la tasa de natalidad y la proliferación de enfermedades venéreas entre la población menos favorecida. Para mayor inri, la discrecionalidad y manirrotismo del señor Maduro premian la preñez con un bono, miserable, pero agarrando aunque sea fallo, orientado, quizá, a que, para mayor gloria de la revolución, crezca el contingente de niños de la patria con el oído puesto en las dos primeras estrofas de la Marsellesa –Allons enfants de la patrie,/le jour de gloire est arrivé–, porque con el siguiente par –Contre nous de la tyrannie,/L’etendard sanglant est levé – otro gallo cantaría.
¡Que se multipliquen los niños, como los penes, que digo panes! ¡Que crezcan como conejos! ¡Son los embriones del hombre nuevo! No importa que no haya leche, teteros y suplementos alimentarios para el bebé, ni que los medios en manos de lamesuelas de la oligarquía criolla exageren, por mandato de Trump, Macron y la derecha internacional.
Ironías y sarcasmos al margen, es inocultable verdad que el desastroso estado de las finanzas públicas ha abortado ese perverso programa de reproducción a granel, pues son cada vez más quienes se refugian en el celibato y hasta en la misantropía, procurando reducir gastos al mínimo necesario. No es rentable compartir. Ya donde come uno no pueden hacerlo dos. Esta exacerbación del egotismo tiene atroces secuelas –el abandono de niños, el sacrificio de mascotas, el aumento de la prostitución consensuada– que ponen en tela de juicio el cacareado humanismo socialista del siglo XXI.
Lo inconcebible no es que con ese calamar a cuestas el metrobusero insista en ser reelecto alegando que ahora sí las cosas serán distintas, con base vaya a saberse en qué planes –misterio que se dilucidará después de que sea ratificado, naturalmente–; no, lo verdaderamente inconcebible es resignarse a experimentar la irresistible soledad del traidor a la patria, que es como han tenido el tupé de tildar los pesuvecos, Maduro y Cabello en la vanguardia –el primero reguetoneando y el segundo con el mazo dando–, a quienes no se plieguen al continuismo, sin que siquiera digan esta boca es mía. ¿Hasta cuándo tanto masoquismo?
Editorial de El Nacional











