Entre el alivio vial en la Troncal 001 y la parálisis provocada por prolongados apagones y retrasos en la distribución de gas, diversas comunidades del estado Táchira enfrentan una severa merma en su calidad de vida
La dinámica comunitaria de esta semana oscila entre destellos de fluidez y una persistente precariedad en la prestación de los servicios públicos fundamentales. Mientras la suspensión de controles viales ha descongestionado arterias estratégicas de la entidad andina, el malestar ciudadano rebrota con fuerza en las zonas urbanas y rurales a causa de la crisis eléctrica, la falta de suministro de gas y las carencias sanitarias en espacios de uso público.
En este sentido, el despacho de gas comercial e insumo residencial se ha convertido en un cuello de botella para las familias.
En Rubio, municipio Junín, las entregas permanecen paralizadas sin ofrecer respuestas concretas a los comerciantes y residentes.
En sectores como Colinas de San Rafael (vía El Llano) y en Palo Gordo, municipio Cárdenas, los vecinos reportan haber transcurrido dos meses desde que cancelaron las tarifas correspondientes, sin que hasta la fecha se haya concretado el despacho de los cilindros.
Colapso eléctrico general
Las interrupciones en el Sistema Eléctrico Nacional (SEN) representan la afectación de mayor alcance. En el municipio Panamericano la situación sube a niveles críticos tras registrarse hasta quince cortes en una sola jornada, lo que aviva el temor de una desconexión total por varios días.
Fallas similares merman la rutina en La Fría, El Poblado, El Pinar, Bolivia Vieja, Cumbres Andinas, Táriba, Palmira y Barrancas parte alta, incluyendo el sector Colinas. En esta última zona, los usuarios exhortaron formalmente a la gerencia de Corpoelec a asumir con responsabilidad la resolución de las averías o dar paso a una administración eficiente.
Por otra parte, la inestabilidad del voltaje azota la actividad económica. En Barrio Obrero, municipio San Cristóbal, una suspensión superior a las cinco horas paralizó el comercio la semana pasada.
En Palo Gordo, la falla de un transformador dejó a Zapatoca a oscuras por tiempo prolongado. El episodio de mayor tensión ocurrió en Pan de Azúcar (vía Rubio), donde la caída de un árbol sobre el tendido provocó un apagón de más de 26 horas, desencadenando el cierre de la vía como medida de protesta pacífica ante la tardanza de las cuadrillas de reparación.
Salubridad y vialidad: realidades encontradas
En contraste con las fallas energéticas, la movilidad en la Troncal 001 a la altura de Capacho Viejo experimentó una evidente mejora tras el retiro de los puntos de control de la Policía y la Guardia Nacional Bolivariana. La medida redujo los tiempos de traslado y evitó el recalentamiento recurrente de vehículos en las colas.
En el plano sanitario, la preocupación se traslada al sector Santa Rosa 3 del Cementerio Jardín Metropolitano El Mirador. Los visitantes denuncian la ausencia total de depósitos o tanques de agua. Aunque las lluvias recientes mitigan la contingencia de forma temporal, los ciudadanos advierten que la inminente época de sequía impedirá la limpieza de las fosas y propiciará un foco de infección por la cría de mosquitos en los floreros, por lo que urgen a la administración del recinto a instalar la infraestructura requerida.
El contexto descrito por las comunidades pone de manifiesto un fenómeno social de alto riesgo: la asimilación del colapso como parte del paisaje cotidiano. Como expresaba un habitante durante las manifestaciones en Pan de Azúcar, existe la tendencia a considerar “normal” el transcurso de todo un día sin fluido eléctrico o el retraso de un insumo previamente cancelado.










