Tanque de hidrocarburo siendo enfriado con espuma por cañones de alta presión Crédito: Joser86h
El 25 de agosto de 2012, siendo la 1:07 minutos de la madrugada se produjo la primera explosión de uno de los tanques que conforman la refinería de Amuay, perteneciente al Centro Refinador Paraguaná (CRP), ubicado en el estado Falcón.
Un día antes vecinos de las comunidades cercanas a la refinería habían alertado a las autoridades acerca del inmenso olor a gas que se propagaba por la zona, y que empezaba a afectar la respiración de muchas personas que estaban en sus hogares o simplemente transitaban por el lugar. Pero no hubo respuesta oficial.
En aquella madrugada una enérgica detonación levantó de sus hogares a familias que desconociendo la magnitud de la tragedia empezaron a buscar refugio, horas después de las sucesivas explosiones las autoridades que hicieron acto de presencia dieron un reporte de 42 fallecidos y más de 150 heridos, investigaciones independientes y testimonios locales calculan que las víctimas mortales superaron las 55 personas debido al impacto fulminante sobre el Destacamento N° 44 de la Guardia Nacional y las casas adyacentes.
Por otra parte, la onda expansiva destruyó y afectó severamente a más de 1,600 viviendas y comercios locales, arrasando además con la infraestructura de distribución externa de la planta de hidrocarburos.
De acuerdo a expertos los daños directos, la paralización de la producción del complejo por meses y las compensaciones sumaron pérdidas estimadas por encima de los 2,000 millones de dólares, afectando drásticamente los ingresos petroleros del país en el mediano plazo y la reactivación económica de esa zona occidental.
Expertos determinan las causas
El Centro de Orientación en Energía (COENER) y el experto Javier Larrañaga (+) de Gente del Petróleo, conformaron una comisión que, junto a varios diputados demócratas, expusieron con base científica y conocimientos sobre la materia que el origen de la fuga se debió a la acumulación de gases inflamables en el patio de tanques del bloque 23. Además, falló de manera calamitosa el sistema de sellos de las bombas de olefinas (gases licuados de petróleo como propano y butano).
En tal sentido, al romperse los sellos mecánicos, se generó una fuga masiva que creó una densa nube de gas a ras de suelo. Esta corrió impulsada por el viento hacia la periferia de la refinería, encontrando un punto de ignición definitivo a la 1:10 de la madrugada, confirmaron los ingenieros Diego Cruz, Fermín Hernández y Gustavo Benítez, miembros de esa comisión de expertos quienes realizaron la investigación.
En este accidente tuvo mucho que ver la falta de mantenimiento previo. Los expertos demostraron que solo en 2011 ocurrieron cerca de 100 conatos de incendio dentro del Centro Refinador Paraguaná (CRP) y la mayoría se archivaron sin investigación ni correctivos profundos.
Por su parte el ingeniero Javier Larrañaga, pieza clave en la divulgación de estos hallazgos, precisó que detectaron fallas y errores como la inoperancia de las alarmas; dado que los sensores automáticos de detección de mezclas de gas explosivas no funcionaron o habían sido desincorporados. Tampoco se activaron las alarmas acústicas generales para alertar a la población civil aledaña.
Además, no había mantenimiento preventivo ni correctivo y ausencia de una supervisión continua por parte de personal profesional y técnico calificado.
Asimismo, se observó negligencia ante las alertas a la comunidad. Vecinos de los sectores Alí Primera y La Pastora llevaban horas reportando un olor a gas insoportable. El personal de guardia de PDVSA no ejecutó una evacuación preventiva de las zonas residenciales.
Larrañaga expuso en esa oportunidad, que la purga de personal técnico calificado en los años 2002-2003, por parte del régimen, debilitó la estructura supervisora en PDVSA. Los puestos clave estaban ocupados por personal con criterios más políticos que operativos, lo que causó pánico e indecisión al momento de contener la fuga inicial.
Finalmente, el informe independiente presentado por el Centro de Orientación en Energía (COENER) desmintió por completo la tesis oficial de un «sabotaje». La investigación de este equipo técnico confirmó que el desastre del 25 de agosto de 2012 fue el resultado de una negligencia gerencial, falta de mantenimiento acumulado y fallas graves en los protocolos de emergencia.
En el presente es necesario que quienes lideren la transición, de forma prudente y sensata, incorporen a la industria petrolera a expertos, profesionales y técnicos para poder recuperarla, estabilizarla y promover su productividad de forma segura y eficiente.
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