Las elecciones de mitad de mandato en Estados Unidos dejaron lecciones de especial relevancia para los venezolanos, las cuales envuelven una invitación a actuar con serenidad, sin arrogancia y sin sometimientos cuyas consecuencias serán dolorosas para las próximas generaciones de ciudadanos.
Una de esas primeras enseñanzas es mirar a los lados, examinar lo que nos rodea sin dejarnos arrastrar por mesías que a la larga solo producen desastres políticos, económicos y sociales. Nuestras experiencias han sido escandalosas porque la falta de visión y de olfato nos impide aprender de los errores.
Claro, todos los pueblos se equivocan y lo acabamos de ver en la nación más desarrollada del mundo. Los norteamericanos se equivocaron al elegir presidente a Donald Trump, a pesar de tener un historial que algunos prefieren llamar prontuario, pero en las elecciones que acabamos de presenciar dieron un ejemplo de rectificación. Eso es importante.
En un estado reaccionario como Texas se vio inclusive el caso del joven James Talarico, quien en una admirable contienda derrotó la fuerza de Trump y del hombre más rico del planeta, quien en los últimos dos meses le inyectó unos 200 millones de dólares a la campaña del adversario. Claro, Texas era para Elon Musk uno de sus predios de grandes plantas industriales.
Hemos visto, entonces, el rechazo popular a la soberbia y a las desviaciones éticas presidenciales. Eso es algo que los venezolanos no deberíamos pasar por alto cuando las élites económicas y políticas se juntan y tratan de sacar ventajas.
El Congreso recuperará ahora su capacidad contralora del Ejecutivo, lo que no quiere decir que Trump quede paralizado. Aunque la arrogancia lo llevó a decir que vetará muchas leyes, las cosas a partir de ahora no estarán completamente a su favor porque entre las funciones del Senado está autorizar la designación de altos funcionarios, embajadores y magistrados de la Corte Suprema, mientras la Cámara de Representantes ejerce un papel más político en la legislación y en los debates sobre las políticas del gobierno.
Trump conservará en sus manos la política exterior, la seguridad nacional, el poder de veto de leyes y otras tareas, pero ya no será el mismo. Su popularidad está venida a menos y hasta los republicanos se le enfrentarán. Corre, además, el riesgo de ser enjuiciado, destituido y enviado a la cárcel.
Para los venezolanos, insisto, esto es algo de trascendencia. No quiere decir que los contratos petroleros suscritos con el gobierno de Delcy Rodríguez vayan a ser anulados de la noche a la mañana, pero algo en algún momento se podrá hacer. No importará la existencia de venezolanos sumisos ante la Casa Blanca, partidarios de la renuncia a la soberanía nacional; no, pero lo que sí importará es que las voces de protesta sean oídas y los debates sean encendidos.
Ojalá los venezolanos extraigamos conclusiones para no repetir las tantas y dolorosas metidas de pata y entendamos que a la soberanía nacional no se renuncia de manera olímpica. ¡Que Dios nos acompañe!









