Este primero de enero, la revolución cubana alcanzó 67 años. Ya casi tan longeva como la revolución soviética, aunque parece superarla con creces en indicadores de decepción material y espiritual.
Cuba, durante estas décadas, bajo cruel tiranía, ha vivido etapas críticas de hambre, emigración masiva y precariedad de todo orden, pero hoy supera todas las marcas anteriores. Incluida la del terrible “periodo especial”, que siguió al colapso en 1991 de la URSS, que la había subsidiado generosamente durante 30 años.
Los cubanos se venían quejando últimamente de que la ración mensual de arroz, granos y escasas proteínas apenas les alcanzaba para diez días, pero hoy, esa carta de racionamiento es casi simbólica porque los alimentos escasean en los propios almacenes estatales. El precio de bienes esenciales producidos privadamente, es inalcanzable para el salario promedio de 6.685 pesos, equivalente a $16.30 mensuales y las pensiones que no alcanzan a $7.00 mensuales. Un tercio de la población sobrevive gracias a las remesas del exterior,
Las fallas diarias de alumbrado público promedian hasta 15 horas, surtirse de gasolina exige reservar un cupo con tres semanas de anticipación, hay escasez de viviendas, deterioro hospitalario, carencia de agua y cloacas, falta de medicamentos remediada por familiares en el extranjero…
La fecha es propicia para recordar que en 1958, Cuba no era perfecta, vivía bajo dictadura y había marcada desigualdad entre la ciudad y el campo, pero el ingreso per cápita era el tercero más alto de Latinoamérica luego de Argentina y Venezuela, inflación de 1% anual, el peso cubano cotizaba a la par del dólar, era el primer productor mundial de azúcar, una potencia ganadera (0.86 reses por habitante), la tasa de mortalidad infantil era la más baja de Latinoamérica, hub turístico del continente, ostentaba el mayor número per cápita de televisores y autos en la región… En fin, es el cumpleaños del régimen, pero fecha lastimera para quienes penosamente sobreviven en la isla.
Ramón Peña








