Orlando Viera-Blanco: La visita de María Corina, cambió el tono…

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Orlando Viera-Blanco: La visita de María Corina, cambió el tono…

El hecho mismo de la reunión implica que las opiniones y propuestas de la oposición venezolana siguen siendo relevantes en la política exterior de Washington.

La reciente visita de la líder opositora venezolana María Corina Machado al presidente Donald Trump en la Casa Blanca no fue un simple encuentro diplomático: se trata de un momento emblemático de reconfiguración geopolítica, simbólica y política, cuya trascendencia se extiende en el hemisferio occidental.

En su dimensión política comporta un acto de realineamiento de poder. Un reconocimiento de [su] liderazgo. El sólo hecho del encuentro en la Casa Blanca, sitúa a María Corina Machado como interlocutora legítima ante el poder ejecutivo de EE.UU, desplazando la narrativa de una oposición fragmentada hacia una figura clara de referencia. No llegó únicamente por ser galardonada con un Nobel. Fue invitada porque la reconocen como la líder venezolana más importante de un país que aspira refundar la república.

El propio Presidente Trump expresó su opinión de Maria Corina al salir del encuentro. “Pude conocerla, no la conocía y me impresionó mucho. Es una gran mujer”. Maria Corina ‘le dio la vuelta a la arepa’ y cuadró algunos desajustes que tenía con el presidente Donald Trump. El tema es ver si el evento la reconduce o impacta sólo a ella, o puede trascender como catalizador del cambio país, esto es, en una transición sostenible y definitiva hacia la democracia.

Al decir de John Magdaleno, es prematuro afirmar que estamos en transición, pero a partir de este acercamiento, se abre una puerta que estaba lejos en el pasillo. Llegar al despacho oval, fue una ‘extensión’ de una indudable carga de poder y de afecto [que es admiración y respeto] que en el caso de Trump, privilegia y mucho, y cambia los tonos…

Un acto de legitimación política en un momento de inflexión.

Machado-galardonada con el Premio Nobel de la Paz 2025 por su lucha por los derechos democráticos y la transición pacífica en Venezuela-, se trasladó a Washington para encontrarse con el presidente estadounidense en un contexto en el que Venezuela atraviesa una transformación después de la caída de Nicolás Maduro. En momentos que la Casa Blanca pisa el acelerador, Maria Corina necesitaba montarse en esa caravana.

Aunque Trump no ofreció un respaldo explícito a su liderazgo ni la reconoció formalmente como jefa de Estado—favoreciendo temporalmente la figura interina de Delcy Rodríguez—, el hecho mismo de la reunión implica que las opiniones y propuestas de la oposición venezolana siguen siendo relevantes en la política exterior de Washington.

Por lo tanto fue un encuentro de re-jerarquización del conflicto venezolano. Venezuela deja de ser un “problema regional crónico” y vuelve a colocarse en la agenda estratégica hemisférica, vinculada a seguridad, crimen transnacional, energía y democracia. Se coloca sobre la mesa la causa y génesis de la salida de Maduro, que es la etiqueta que caracteriza el régimen de Caracas, aunque se vista de sargento obediente. La sola presencia de Machado sube el peldaño.

El presidente Trump necesita aliviar la carga de los ataques de medios que manifiestan [su] incomprensión por apostar a una transición en Venezuela con una extensión de camarillas de Maduro. La reunión con Maria Corina refresca la agenda transicional en términos de solapamientos de fases y abre el camino para comprender una ruta donde la primera al batepara impulsar la carrera democrática es ella.

El mensaje a actores internos y externos, es palmario. El encuentro envía una señal inequívoca al régimen de Caracas, a las FFAA venezolanas, la diáspora y a actores internacionales: hay una conducción política con respaldo real, no retórico. Y la CIA lo sabe y lo recuerda.

La visita supuso una ruptura del aislamiento opositor. Se rompe la narrativa del “liderazgo venezolano marginal o exiliado” y se sustituye por la de una líder que habla de tú a tú con jefes de Estado.

Un gesto simbólico con eco histórico

En términos de dimensión simbólica (poder, legitimidad y narrativa), se fortalece un simbolismo institucional. La Casa Blanca no es un espacio neutral: es el centro del poder occidental. La imagen de Machado restaura simbólicamente la representación democrática venezolana, hoy usurpada pero condicionalmente tolerada.

La acción de presentar su medalla del Nobel al presidente Trump-aunque el Comité Nobel aclaró que el premio no puede ser legalmente transferido-opera como símbolo de gratitud y de alianza ideológica.

Machado rememoró este gesto evocando un momento similar de hermandad entre los pueblos venezolano y estadounidense: el del Marqués de Lafayette entregando un medallón con la efigie de George Washington a Simón Bolívar hace dos siglos. Esa referencia, muy poderosa, sitúa la reunión en una narrativa histórica que trasciende lo coyuntural y la convierte en un puente entre dos tradiciones de libertad.

Este tipo de gestos raramente ocurren en la Casa Blanca, pero hay precedentes simbólicos notables sobre cómo líderes venidos de crisis o conflicto han sido recibidos allí. Por ejemplo, el expresidente estadounidense Jimmy Carter, premio Nobel de la Paz 2002, transformó su legado post presidencial en un símbolo global de mediación y DDHH, expandiendo la influencia moral de la presidencia más allá de su mandato oficial.

Alcance geopolítico: Venezuela en el tablero global

La reunión también tiene implicaciones geopolíticas claras. La transición en Venezuela ha sido observada con atención por potencias regionales y globales, y la Casa Blanca sigue siendo un centro de influencia decisivo sobre cómo se reconstruirá el país. La posición estadounidense afectará, entre otros, la distribución de inversiones petroleras, acuerdos comerciales y alianzas militares en el continente.

En ese contexto, Machado se convierte en un símbolo de la aspiración democrática venezolana, reafirmando que el acompañamiento explícito del poder estadounidense es clave para el liderazgo político que anhela en medio de la complejidad, la reconstrucción post-Maduro.

El gesto de Machado de enmarcar la medalla en una suerte de continuidad histórica, fue realmente pertinente, inteligente y bien hilvanado. El gesto conecta a Machado con la tradición de líderes democráticos latinoamericanos que fueron reconocidos internacionalmente antes de una transición, no después […] La entrega de la medalla y el paralelismo histórico con Lafayette, Bolívar y Washington-decíamos—fue brillante.

Una liaison insalvable que rompe los témpanos de lo personal y eleva el valor histórico de los fundadores de la patria, de EEUU y de Venezuela. Una impronta impecable.

Más allá de su faceta política, entonces la figura de Maria Corina en el epicentro del poder mundial—hablando de temas de estado—, es profundamente simbólica. Como líder de oposición que pasó meses en la clandestinidad, encarando adversidades y sosteniendo una narrativa de libertad frente a un régimen autoritario, su presencia en la Casa Blanca es un gesto de triunfo —personal y colectivo—de millones de venezolanos que han emigrado y/o sufrido décadas de crisis política y humanitaria.

Entregar un premio que representa la lucha por la paz y la democracia a un jefe de Estado extranjero, muestra su estrategia de ampliar su causa más allá de fronteras nacionales, buscando legitimación y apoyo más allá de Caracas o Oslo. Un gesto además de desprendimiento elocuente en lo cual privilegia la libertad de su pueblo sobre su esfera personal.

Es la amplificación universal-muy importante-que sugiere que la paz no es un acto que se resume en un discurso o se resuelve en una mesa redonda, sino también apelando al inevitable uso de la fuerza y de la legítima defensa. Y así quedó escrito en la semblanza, así quedó dicho en la dedicatoria de la medalla. Histórico, valiente, noble.

Un espejo para la opinión mundial. Resiliencia transformadora

En término de dimensión transicional (arquitectura del cambio), queda en el ambiente la validación de una ruta de transición no improvisada. La transición se piensa en términos de secuencia, garantías, presión internacional coordinada y reconstrucción institucional. La propia Maria Corina demostró comprensión del momento, no sin alertar en su rueda de prensa, “que es un desafío difícil y riesgoso pedirle a una estructura criminal que se desmantele así misma”.

En el marco de enforcement y disuasión, Maria Corina agenda y pone sobre la mesa una narrativa: la coerción diplomática. Renace el concepto de la responsabilidad de prevenir y proteger [R2P]. Un principio injustamente convertido “en jarrón chino” que ya era hora de sacarlo de la sepultura.

Sin necesidad de anuncios explícitos, la reunión refuerza la idea que el régimen no puede operar bajo el muro de la impunidad. Que existen instrumentos legales, financieros y diplomáticos en plena activación, esto es, un orden global disruptivo, donde la criminalidad no puede ir más rápido que la diplomacia.

Maria Corina sitúa el verbo en la anomia, y lanza un exhorto impostergable a un orden público internacional lírico, que no puede seguir jugando a la ignorancia deliberada de crímenes atroces, embriagado de principios, cartas y proclamas, sin capacidad resolutoria[…] Así enderezó la ruta y pavimentó los puentes hacia aliados claves. EE.UU queda como bridgearticulador, no como único actor. Europa, América Latina y organismos multilaterales, no pueden seguir mirando desde las gradas.

En la dimensión personal (liderazgo y carácter), Maria Corina supera la cuesta y consolida su perfil presidencial. La rueda de prensa posterior mostró a una María Corina serena, firme, sin estridencias, con control del mensaje y de sus sentimientos. Es el lenguaje de estadista, no de activista. Su autoridad moral luce rejuvenecida. Machado comparece no como alguien que pide favores, sino como quien representa una causa justa con respaldo ciudadano, lo que invierte la relación de poder.

Su resiliencia transformadora se desdobló en credibilidad, madurez y temperancia. En momentos oportunos deja de lado a la ‘mujer de acero’ e inflexible, para vestirse de madre y padre a la vez. De un blanco de paz, protocolo y tregua se abriga de azul esperanza, vulnerable por humano. Dominó con destreza sus propios contrastes. No se victimiza, pero tampoco olvida ni se quita de la espalda la carabina del dolor…

Años de persecución, inhabilitación y ataques se convierten en capital político, no en revancha; en experiencia en el manejo del discurso, que es prudencia, pertinencia y sobriedad.

Una visión restauradora. Se consolida un liderazgo internacional.

En el plano de la dimensión restauradora (reconstrucción nacional) queda que el rescate de la confianza internacional, pasa por la adopción de políticas públicas, alianzas y estrategias, donde hombres y mujeres del talante de Maria Corina, son los verdaderos garantes de esa directriz.

El encuentro y la rueda de prensa proyectan una Venezuela predecible, institucional y confiable, clave para: inversión; recuperación petrolera, financiamiento multilateral. Refleja un entendimiento prudente del diseño transicional y transaccional del equipo de trabajo del Presidente Trump, quién por cierto le acredita [a ella] un check mark como mujer, como líder, como estadista. “

La Casa Blanca-como escenario-añadió una dimensión de legitimidad que ninguna tribuna alternativa puede igualar. La visita de María Corina Machado al Presidente Trump en la Casa Blanca derribó y derrotó el muro de la distancia y el mito perverso entre la maldad y la restauración de la dignidad ciudadana. Un ‘intercambio de teléfonos’ donde la inquina quedó sepultada por la confianza en la causa y en un actor que lo ofrece y otra que sin solicitarlo, lo justifica.

Para millones de venezolanos —dentro y fuera del país— el momento tuvo un efecto psicológico profundo: “Venezuela vuelve a tener voz, rostro y causa.” El tono dejó de girar—si acaso de depender exclusivamente—a sanciones y crisis, comenzando a respirar reconstrucción, justicia, reinstitucionalización, paz, libertad y regreso a casa.

Un tono por cierto, que también le gusta a La Casa Blanca…

@ovierablanco. vierablanco@gmail.com
Abogado. Exembajador de Venezuela en Canadá

 

 

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