Voto «in memoriam»

Voto «in memoriam»

“A los gobiernos y a los pañales hay que cambiarlos seguido… y por las mismas razones.” George Bernard Shaw (1856-1950), escritor irlandés, Premio Nobel de Literatura 1925.

 

Ya es una aberración el que hayamos soportado el mismo gobierno, con los mismos ineptos, durante 14 años seguidos. El indiscutible apoyo de los recursos públicos utilizados a mansalva para comprar todo lo comprable -incluidos los pobres de dignidad-, hizo que este grupo de ínfima calidad humana y gerencial, liderados por un caudillo decimonónico con planetarias ideas sobre el progreso, se apoderaran de Venezuela y excluyeran a todos quienes poseyeran lo que ellos no, llámese academia, cultura, educación, familia o decencia.

 

No voy a hablar del finado, porque me parece pavoso y además injusto, hablar de quien ya no puede defenderse desde el más allá, así hayan tratado de hacerlo bajar en forma de pajarito. Pero sí podemos hablar del reguero que dejó tras él, porque es lo que sufrimos todos los días de nuestra actual vida y su desgobierno es el principal culpable de tanta desdicha.

 

Nadie que no sea rojo tiene derecho a una misión, a un contrato, a un trabajo o a ningún beneficio que otorgue el gobierno. La exclusión por diferencia es el sino distintivo de la revolución.

 

Nadie que tenga una familia, viva en una residencia decorosa, viaje una vez al año, tenga la piel más clara, un apellido extranjero, un grado universitario o léxico refinado, sea demócrata o de derecha, es bien visto en esta Venezuela donde la ordinariez del nuevorriquismo y el radical socialismo dizque siglo XXI considera que cualquiera de las anteriores condiciones les hace acreedores a los epítetos de burgués, hijito de papá, fascista, golpista, saboteador, desestabilizador, apátrida, pitiyanqui, racista, guarimbero y hasta gay.

 

Lo curioso es que aquí todos, chavistas y no chavistas, pobres y ricos, educados y patanes, sufren de los mismos males: desde los ranchos hasta las mansiones tienen apagones, se les va el agua o llega inmunda, el gas falla con frecuencia, el aseo no cumple con puntualidad. A ninguno el hampa le pregunta por su filiación política cuando los atracan o asesinan. Sus problemas son los mismos, aunque las salidas a tales calamidades varíen.

 

El asunto es que el gobierno chavista ha practicado la política de quitar a unos para dar a otros, así todos son por igual pobres. Gran lección de socialismo. De seguro que si no fuera por las limosnas y por esa muela privilegiada que llenó de ilusiones a sus seguidores durante sus dos décadas de fulgurante presencia pública, nadie en su sano juicio se hubiese calado este infierno de ineptitud adobada de disparates de talla internacional.

 

Pero se acabó. Tanto el chorro de dinero como la muela. Ahora se necesita un gerente que administre recursos y amor por igual. Que piense y actúe con la humildad de los grandes y no se crea la reencarnación de Bolívar y Jesucristo juntos.

 

Es tiempo de que la sensatez regrese a Venezuela y lo ratifica cada aparición del heredero de la locura revolucionaria. El pobre no tiene con qué llenar el hueco que dejó el finado, a quien siempre se le reconoció su poder hipnótico para convencer de los mayores despropósitos a las masas que lo seguían ciegamente. Y hasta divertido era. Pero lo del sucesor es trágico. Recibió este premio a su fidelidad, seguramente concedido porque él sabría repetir una a una las palabras de su comandante y haría lo imposible por preservar su “gloriosa memoria”. Pero las carencias que tienen son insalvables.

 

El desasosiego que vemos en quienes le rodean ante sus monumentales metidas de pata, nos hace suponer que hay preocupación dentro de los que hoy están gobiernan y sienten que pueden perder el poder por culpa de este heredero sin capacidad ni gracia. Su vulgaridad de palabra y pensamiento es notoria. Su desconocimiento de temas básicos de gobierno también. Una de sus virtudes en sus anteriores cargos era lo poco que hablaba. Disimulaba lo que había detrás de sus inexistentes palabras: un aún más inexistente talento.

 

¿Cómo explicar esto a quienes creen que deben cumplir la orden del “comandante supremo” de elegir a ese incapaz? ¿Cómo decirles que el adorado jefe no les va a jalar las patas de noche si no votan por el heredero? Venezuela no es una monarquía hereditaria, nadie puede delegar el poder, los liderazgos no se legan, el gobierno no se endosa.

 

A estas alturas no dudo que hay mucho chavista haciéndose esta reflexión: Maduro no es Chávez. Ni nunca lo será. Los “enchufados” están angustiadísimos porque ven sus prebendas en peligro ante la posibilidad que el pueblo chavista abra los ojos y comprenda que su comandante murió sin sucesor. Que deben enfrentarse a la realidad de su país sin el canto del finado endulzándoles los pesares. Que deben escoger a alguien que pueda resolverles los problemas diarios de luz, agua, inflación, seguridad, vivienda, transporte.

 

En estas elecciones el panorama es muy diferente al 7 de octubre: no está el comandante y Capriles se enfrenta a alguien que pelo a pelo está muy por debajo de su nivel en todo sentido. Al heredero sólo lo sostienen la voluntad de un muerto, la herencia populista que promete mantener y los enchufados que saben de las limitaciones de su candidato y confían que siguiendo unidos en torno a él podrán mantenerle la nariz fuera del agua.

 

Mientras el heredero nombra mil veces diarias al comandante como escudo flotador, el flaco Capriles ni siquiera lo menciona. No se enfrenta al muerto sino al vivo que en realidad es un pendejo a toda carrera. Pero tiene el poder del Estado, los recursos y sinvergüenzas que manejan esos recursos a su favor.

 

Si no fuera pomposo, diría que esta es la hora de la dignidad, la hora de sacar el orgullo de un pueblo que ha sido ejemplo de libertad, pioneros en democracia. Es momento de grandes decisiones, de renuncias, de ofrendas pero sobre todo de generosidad y grandeza, de responsabilidad y compromiso. La mayoría de los venezolanos lo ha comprendido así.

 

Por mi parte yo voy a votar, como siempre, por la democracia, por el progreso, por la libertad, por la justicia. Lo haré en memoria de todos los caídos durante estos 14 años.

 

Votaré por Capriles en memoria de quienes han dado ejemplo de dignidad, defendiendo los ideales en los cuales creen. Cuando vote por Capriles lo haré por Franklin Brito y su lección de que la vida sin justicia no sirve; votaré en nombre de los más de 20.000 botados de Pdvsa (la mayoría de ellos no podrán hacerlo porque están en recónditos sitios trabajando para el desarrollo de otras industrias petroleras); de los muertos en la marcha pacífica del 11 de abril; de los asesinados por el fanatismo político; de todos los excluidos por la lista Tascón; de los segregados por pensar diferente; de todos los expropiados, despojados y humillados por el régimen.

 

Votaré en memoria de los 170.000 venezolanos asesinados en un país cuyo gobierno alimenta la violencia; de más de un millón de venezolanos valiosos que por la inseguridad o por causas políticas se exiliaron; de todos los colegas periodistas, de artistas y radiodifusores expoliados por defender la libertad de expresión; por Simonovis, Afiuni y por todos los presos políticos. Votaré por todos los deudos de un gobierno que sólo lo es de los suyos pero que es verdugo de venezolanos que disienten de él.

 

Votaré por Capriles porque quiero que vuelva la RCTV con la que crecí, porque quiero regresar a los parques, salir a cualquier hora, caminar por las calles de mi ciudad, viajar por mi país, trabajar sin amedrentamiento, ejercer mi libertad. Quiero que mi familia y mis amigos gocen de un país con justicia, con libertades y con visión de progreso, donde se respeten las diferencias, se revalúen los conocimientos y reine la paz entre todos.

 

Si este objetivo no se logra será por ahora, porque jamás dejaremos de luchar por obtenerlos y esa es la gran victoria de la oposición venezolana: que no ha podido ser doblegada en tantos años de oprobio.

 

Hay que honrar tanta muerte, tanto sufrimiento, tantas lágrimas, tantos venezolanos sin familia y sin patria, tanta mala calidad de vida, tratando de cambiar esa realidad, sin desmayo, sin decepción, con mucha constancia y fe.

 

¿Muy irreal? Claro que no. Dejaría de creer en que los venezolanos sí podemos aspirar a tener ese país. Estos 14 años de no ceder ante la inmensa presión del poder y seguir insistiendo en lograr esa Venezuela que la mayoría quiere hablan muy bien de la voluntad y fuerza de una nación en búsqueda de calidad.

 

En memoria de los que ya no están, en nombre de los que estamos, comprometidos con los que vendrán, es por lo que debemos enderezar el rumbo este 14 de abril. Aprovechemos esta gran oportunidad que tienen la clara mano Divina intermediando.

 

Charitorojas2010@hotmail.com

Twitter: @charitorojas

 

Fuente: ND

Por Charito Rojas

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