Votar o no votar

Pensando en el Panteón Nacional

Votar o no votar

Cada vez que aparece una elección en el horizonte renace el dilema. Y es inevitable que el tema retome fuerzas y divida una vez más especialmente a los venezolanos que conforman la llamada oposición. Para muchos es simplemente un falso dilema, pero no es tan sencillo despachar el tema así.

 

Chávez gana las elecciones que lo llevan a la Presidencia por primera vez sin maquinitas y sin captahuellas. Bastó una mayoría aplastante y el reconocimiento de todos los factores que lo adversaron. Lo mismo ocurrió con algunos otros procesos posteriores en los que el chavismo ganó sin problemas. No obstante, con el tiempo, y especialmente desde el referendo revocatorio contra Chávez, el de las firmas planas y todas las trácalas tipo lista Tascón y lista Maisanta, la sensación de trampa y fraude se instaló en los comicios nacionales, se metió en las maquinitas, en el sistema electoral completo, en las captahuellas, en las operaciones remolque.

 

Además, lo que ocurrió el propio día de ese referendo cuando por primera vez el chavismo usó el expediente de tres patas contra unas elecciones limpias, fue una estocada a la credibilidad del propio CNE. En esa oportunidad el proceso comienza tarde con colas inmensas, con máquinas que nunca arrancaron, con obstáculos invencibles para evitar el voto. Hasta 14 horas de colas hizo la gente para poder expresarse. Se inaugura el expediente de alargar el horario de votación y de no cerrar nunca las mesas. También se produce el fenómeno de los conteos sin testigos.

 

Los sondeos a boca de urna daban a un Chávez perdedor, pero una larga espera con el debut del famoso militar caminando frente al balcón del CNE, termina con unos resultados totalmente contrarios a los que la gente esperaba. Aun suponiendo que Chávez se salvó de ser revocado legítimamente, el proceso dejó suficientes sospechas como para no dejar que ninguna otra elección pase por pura, clara y honesta.

 

Siempre hay una montaña de dudas, de denuncias, de ventajismo, de abusos, de militares aplicándosela a los civiles votantes, de motorizados armados actuando contra los ciudadanos gozando de plena impunidad, operaciones de arrastre de votantes en los que los ejes son Pdvsa, el propio Gobierno y los militares. Nada ayuda ciertamente a despejar el escenario de una elección en Venezuela.

 

Claro que también se han ganado algunas. Suficiente como para que algunas gobernaciones se mantengan en posesión de líderes disidentes o de oposición. A pesar del cambio legislativo las parlamentarias también tuvieron un resultado positivo, aunque a la larga otro ventajismo generó un extraño fenómeno: el que saca más votos es minoría. Cédulas trampeadas, extrañas transmisiones de votos, cuentos de todo tipo. Hasta chinos que no hablan español han reportado en las colas de votantes. Todo un aparataje de trampa y oscuridad que, paradójicamente, es la única salida democrática con que cuenta la población para resolver lo que será su proyecto de país y de vida.

 

En 2015 habrá otra cita electoral. Hay que elegir nuevo Parlamento. Nadie duda de la importancia del evento y de lo que significa. No obstante desde ya se escucha el llamado a no votar, a la abstención, a no colaborar con el teatro electoral.

 

La dirigencia tiene otra vez el reto de estimular el voto. Pero, claro, el Gobierno también tiene el suyo y va en dirección contraria.

 

erojas@eluniversal.com

 @ejrl

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