El tiempo parece reemplazar el rótulo ‘campos de exterminio’ por ‘campos de refugiados’.
Parece simbólico que Alemania, en donde otrora se alzaron contra los judíos los campos de concentración más siniestros en la memoria de la humanidad, abra temporalmente los cerrojos de su bienestar para albergar a desterrados de la guerra en Siria. El tiempo parece reemplazar el rótulo ‘campos de exterminio’ por ‘campos de refugiados’.
Fotografías de alemanes dándoles la bienvenida y juguetes a niños que huyen de la devastación son emotivas. La imagen habla de esa sociedad civil solidaria, pero no lo suficiente para exponer los entresijos del interés de negocios de los países más poderosos para instaurar en otros territorios famélicos el infierno que lleva a millones de personas a huir en condiciones lamentables.
África, por ejemplo, cuyos emigrantes no reciben el reciente estatus de los sirios, es en realidad una calculada alfombra que sirve para barrer suciedad debajo. Cuando dejó de parir humanos para la esclavitud ideada en Europa católica, se volvió para Estados Unidos y los países desarrollados una despensa de extracción que se compra con menos dólares que en otros mercados y se resguarda con ejércitos asesinos. Resulta más barato recibir expatriados que perder negocios o solucionar líos sociales en la fuente.
Mientras el petróleo de Guinea Ecuatorial representaría el país con mejor ingreso mundial, sus menos de un millón de habitantes mueren de hambre y se destrozan con ribetes apocalípticos. El Presidente, conocido asesino, supera tres décadas en el poder con 100 % de votos en las elecciones. Tiene como buen seguro las transacciones de crudo testimoniadas en amigables fotografías con los más importantes y sonrientes jefes de Estado que saben cuidar sus economías internas. Los diamantes de Sierra Leona o las enormes reservas de coltán (utilizado por multinacionales tecnológicas) de la República del Congo promueven mafias de guerra caníbal, tráfico humano, y negocios en apariencia lícitos, que se tasan descomunalmente en las bolsas mundiales a buen recaudo de empresarios blancos desde clubes en Europa.
De allí resulta que miles de colombianos y venezolanos que huyen del despotismo en Venezuela y tantos más de la masacre en Siria no causaran suficiente conmoción. Cuenta más el petróleo con el que sus gobernantes saben comprar conciencias.
Gonzalo Castellanos
El Tiempo.com











