Muchas veces oí a mi padre decir que todo político en Venezuela tenía que pasar por la cárcel, para experimentar en carne propia nuestras peculiares formas de militarismo y arbitrariedad. Yo creía que esos tiempos estaban definitivamente superados. Desgraciadamente este régimen se ha encargado de probarnos lo contrario.
Muertos, difíciles de contabilizar, porque unos son víctimas directas del gobierno y otros del sistema violento que han propiciado. Presos por cantidades, estudiantes torturados, opinión pública silenciada por la miseria y el terror. Cada uno de los presos, civil o militar, jóven o viejo, rico o pobre, es una vergüenza para el país.
Leopoldo López se ha convertido, a nivel interno e internacional, en un símbolo de la absurda represión que estamos viviendo. Pocos países se atreven a encarcelar, torturar, aislar, maltratar a quien es sin duda uno de los principales líderes del país. El encuentro fallido con los expresidentes que venían a visitarlo, es comentado en el mundo entero como ejemplo no solo de represión, sino también de torpeza por parte de un gobierno a la deriva.
En estos tiempos menguados, envío un saludo especial a la familia de Leopoldo. Su madre formaba parte de la Pdvsa moderna, odiada y destruida por los actuales gobernantes. Leopoldo padre, dedicó su carrera a promover programas educativos para que los jóvenes venezolanos tuvieran acceso a las mejores universidades del mundo. Esto también es un pecado inexcusable. En cuanto a Lilian Tintori, me indignan aquellos, que desde «trincheras» como Twitter o Facebook se deleitan criticándola por algún viaje o declaración. Es una joven madre desesperada, que está moviendo cielo y tierra para que en un mundo sin memoria y muy poca compasión, y en un país amargado, agobiado por las dificultades diarias, no se olviden de la injusta prisión de su esposo.
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