Es la vieja estrategia impuesta desde siempre por el caudillo ido, pero con nuevos aditamentos, reveladores de la tremenda crisis financiera que sufre el gobierno y de los extremos del populismo al cual se puede llegar cuando sientes que todo se te va de las manos. Pero claro, se mantiene incólume un principio fundamental de carácter político: asumir una postura crítica ante un gobierno que le da lo que no tiene a los desposeídos, es revelar una condición profundamente clasista y antipopular que pone en evidencia la naturaleza fascista de la oposición y de buena parte de la masa que la acompaña. Ergo, nosotros, con nuestras fallas, con nuestra ineficacia, con nuestra corrupción y con nuestra irresponsabilidad como dueños del poder, seguimos siendo la única alternativa para ti, hombre y mujer explotados por el capitalismo salvaje.
Pero, ¿dónde aparecen los «nuevos aditamentos»? En realidad no son tan nuevos porque, sin ser excepcionales, se utilizaban como herramienta demostrativas de cómo funcionaría el socialismo del siglo XXI. De manera que si los petrodólares alcanzaban para pagar las expropiaciones (si me daba la gana cancelar y cada vez menos gana me daba), también se propiciaba en el discursos y en la toma arbitraria (robo descarado) de la propiedad privada, tanto en su conjunto (una finca, una industria, un edificio) como en los bienes que, hasta el momento del arrebatón, producían empresas como Lácteos Los Andes, Aceite Diana o los apartamentos en vía de construcción por empresas privadas.
Ahora, frente a una realidad de colapso económico en progreso, una derrota electoral inminente, la desesperada necesidad de ganar tiempo y voltear las tendencias, aun cuando sea parcialmente, acuden al expediente del saqueo planificado. Quiere decir esto que si antes repartían como caramelos televisores, línea blanca, computadoras y celulares de origen chino (que sí tenían un costo y que sí servían de tapadera para robar), ahora que el grifo del lejano Oriente se seca, toman los expendios de electrodomésticos y bajo la consigna de guerra contra la especulación, organizan a la militancia y reparten dinero (raspando la olla) para que quienes viven en la miseria, luego de tres lustros de gobierno, vean colmadas sus ilusiones de tener algo y demostrar así la resolución de luchar contra el capitalismo salvaje.
Y ahí vamos. En dos semanas las tiendas intervenidas cerrarán definitivamente sus puertas por falta de inventario, ya no fluirán los dólares preferenciales para este tipo de mercancía suntuaria, tendremos unos cuantos centenares más de desempleados y la venta de electrodomésticos pasará a niveles de «mercado negro», beneficiando así sólo a quienes tienen las divisas. Y ya sabemos quiénes las siguen teniendo.
@rgiustia
Por Roberto Giusti











