La situación económica del país toca rincones que muchas veces no vienen a la mente a la primera: el ocio. Por supuesto que si no hay dinero para cuestiones lo básico, tampoco habrá para ciertos lujos. Dentro de esos lujos está el viajar, sea al exterior o al interior. Viajar es una experiencia extraordinaria, muy importante en mi opinión. Porque darle un viaje a un niño no es darle algo material, no es pagarle cualquier cosa, es una oportunidad que le estás dando para que vea y experimente nuevas cosas, para que su mente se abra y conozca más. Y esto va aunado a que es una manera de que el niño no se mantenga aburrido, en su casa, 24 horas por siete días a la semana por dos meses y medio, que es lo que duran las vacaciones en nuestro país.
La situación actual de Venezuela hace que los que viajaban dos veces al año, ahora viajen cada dos años. Los que viajaban una vez al año, ya no viajan. Y los que no lo hacían antes, siguen sin hacerlo. Esto da como resultado que tengamos una población importante de niños ociosos en sus casas durante los meses vacacionales. Esto representa un gran problema no solo para los niños aburridos viendo televisión, sino también para los padres que tienen que cuidarlos. Para unos padres es una carga gigantesca, porque tener a un niño (y suelen ser varios) en casa todos los días, por muchos días, significa lidiar con un peso que ni siquiera es necesario explicar para que sea entendido. Para otros padres significa buscar a alguien que cuide a los niños mientras ellos trabajan, bien sea dejándolos con un familiar o pagándole a una persona. Debido a esto, en Venezuela se ha notado un auge en los planes vacacionales y los campamentos de verano. Estos lugares nunca habían estado tan llenos como ahora. Emergen como la alternativa de recreación perfecta. Los padres pueden dejar a sus niños ahí todo el día y recogerlos a finales de la tarde. Los niños pueden experimentar cómo es estar fuera de casa en un campamento donde se queden a dormir durante varios días. De cualquier forma, estas son experiencias no tan sólo muy divertidas para el niño, sino muy enriquecedoras. Pues estos son lugares llenos de personas a las cuales de verdad le importan los niños, donde se aprende mucho y se crean recuerdos que nunca se olvidan. Personalmente yo fui campista de niño y hay muchas cosas que le debo a estos lugares. Tener esa experiencia es muy parecida a la de viajar. Y aunque muchas veces se menosprecien estos lugares y a la gente que trabaja en ellos, por múltiples prejuicios, de verdad son lugares especiales donde los niños pasa un buen rato.
Está el problema de que cómo, actualmente, los campamentos vacacionales son cada vez más difíciles de pagar. Muchas personas no tienen la posibilidad económica para hacerlo, ni trabajan en lugares que ofrecen la oportunidad de planes vacacionales o campamentos para sus hijos. En estos casos es necesario encontrar la forma de entretener al niño, por muy difícil que sea, porque tener a un niño sin nada que hacer no trae nada bueno. Más que no aportar nada, se aportan malos hábitos. Vemos cómo los niños duran días nada más que flojeando frente a un televisor o a un teléfono celular.
Mi punto es que hay que darle mucha importancia al tiempo de ocio que tienen los niños durante las vacaciones, tanto por el bien de ellos, como por el de los padres. Si no se puede viajar hay que buscar alternativas, como la del campamento o el plan vacacional, y si esto no se puede hay que encontrar la manera de mantenerlos ocupados, sea con un curso o actividades especiales. Hay que tener imaginación, porque tener a un niño por tanto tiempo sin hacer nada, no trae nada bueno.
Juan Andrès Steele Mejias











