Santos, el delfín desobediente

¿Por qué puede perder Maduro?

Santos, el delfín desobediente

 

Santos cambió radicalmente la política que le permitió su primera elección y que hoy le da el triunfo

 

Hace doce años los colombianos, desesperados por el naufragio del proceso de paz que intentó llevar adelante el para entonces presidente Andrés Pastrana, se decantaron, en sólidas y clamorosas votaciones, por la opción de la «seguridad democrática», propuesta del candidato alternativo Alvaro Uribe.

 

Casi al final de su mandato y luego de hacerle concesiones inéditas a las Farc (entre otras la entrega de 42 mil kilómetros cuadrados en San Vicente del Caguán) Pastrana constataba que la guerrilla lo había mareado durante tres años de estériles conversaciones. El resultado estaba a la vista: los irregulares no solo se habían fortalecido política y militarmente, sino también lograban anotarse unos cuantos puntos en lo referido a su imagen internacional.

 

Así por el legendario y tórrido pueblo del Departamento de Caquetá, convertido en capital de la republiqueta de las Farc y meca del turismo guerrillero de mediano riesgo, desfilaron los más disimiles personajes de la farándula, los medios, la política y la economía del mundo, incluyendo un presidente de la Bolsa de Nueva York. Eso, además de un apoyo providencial y como caído del cielo, (valga decir, del otro lado de la frontera occidental) de parte del poderoso aliado en que se convertiría el presidente venezolano Hugo Chávez.

 

Uribe triunfa con la promesa básica de derrotar a unas FARC cuyos desmanes habían hartado a una población, sobre toda la rural, acosada por el secuestro, el cobro de vacuna, el asesinato y el narcotráfico, campantes en densos territorios donde la arbitrariedad de las FARC era ley. Así, la mayoría de los colombianos acepta, e incluso aplaude, la política de mano dura que comienza a aplicar con imperturbable determinación y no sin poca polémica.

 

Más allá de los tropiezos, que fueron muchos, como sus simpatías por los paramilitares y el escándalo de los «falsos positivos», Uribe fue ganando terreno en el plano militar, tarea que se le hace harto complicada cuando, al mismo tiempo, debe lidiar con un Chávez que apoya a la guerrilla, le da cobijo, la financia, cura sus heridos y la deja actuar impunemente en territorio venezolano.

 

Al final de su segundo mandato y gracias, entre otros personajes, a su ministro de la Defensa, el hoy presidente reelecto Juan Manuel Santos, Uribe le entrega el mando al supuesto delfín, con unas FARC diezmadas, reducidas a su mínima expresión en su poder de fuego y caídos sus líderes fundamentales. Apenas asume el poder Santos modifica radicalmente la política que le permitió su primera elección, comienza un largo período de negociaciones y ayer la mitad de los votantes se inclinó por la oferta de un presidente a quien le extendieron el plazo, a cuatro años, para que le devuelva la paz a Colombia.

 

Roberto Giusti

@rgiustia

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