“Borraré de mi vocabulario palabras como abandonar la idea, no puedo, irrealizable, sin esperanza, etc., porque son palabras de personas que no tienen fe en sí mismas ni en Dios”. Og Mandino (1923 – 1996), escritor estadounidense, autor del best seller El vendedor más grande del mundo.
Esta quebrantada Venezuela todos los días nos sorprende y anula aquello de “peor imposible”. Un país donde hay linchamientos, suicidios por hambre, muertes por falta de medicinas y hampones que mandan más que el presidente, es un no país, es una sin razón, un despropósito que cuesta la vida a sus habitantes.
De la absoluta incapacidad del régimen para gobernar a Venezuela hablan las largas horas de racionamiento eléctrico, el agua que no es potable sino podrida, las largas colas por un litro de aceite o un paquete de harina, el toque de queda impuesto por el hampa, la corrupción masiva e impune, el insulto a la academia y la degradación de la competitividad y el trabajo.
La ruptura del orden constitucional ordenada por el presidente al TSJ y al CNE contra la Asamblea Nacional fue el único tema de la sesión del parlamento este martes, para aprobar una resolución de emplazamiento a los poderes ejecutivo, judicial y electoral por la “sistemática y reiterada violación a la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela en perjuicio de los intereses del pueblo venezolano”. Peligrosa situación que tambalea al estado de derecho.
Para quienes aún no se han enterado, en este país el presidente de la república (sobre cuya legitimidad hay sobradas dudas), ordena descaradamente y hasta en cadena a los otros dos poderes (cuya dependencia política los hace constitucionalmente ilegítimos), juicios y conductas para bloquear cualquier acción de la mayoritaria oposición del país, representada en una legítima Asamblea Nacional.
El régimen está forzando al máximo la barra de la paciencia de los habitantes del país, sometiéndolos a una ínfima calidad de vida, plagados de dificultades y acosados de riesgos mortales. La mecha de esta bomba de tiempo es la negación absoluta de su responsabilidad en problemas de vida que el país jamás antes había afrontado en ese grado máximo; es la negación ante el mundo de una situación tan terrible como visible; y sobre todo es la actuación vil ante una crisis humanitaria que no admite discusiones y cuya salidas el gobierno bloquea temerariamente.
Con un tiempo invalorable perdido en decidir cuál era la mejor vía para que el pueblo cambiara constitucional y pacíficamente este mal gobierno, la MUD se enfiló con fuerzas hacia el revocatorio y la respuesta popular fue impresionante. La recolección de casi 3 millones de firmas en 3 días aterra al gobierno, que ya está en campaña para obstaculizar el revocatorio con sus magistrados y rectoras a la orden. El CNE retrasando los lapsos y planeando cambiar el reglamento del año 2007 para extender los tiempos e impedir el referendo; el TSJ serruchando cualquier iniciativa parlamentaria, como lo ha venido haciendo con todas las leyes aprobadas por la AN y declaradas “inconstitucionales” por los inconstitucionales magistrados. Y el gobierno intentando desinflar los ánimos con sus voceros declarando que las firmas son un fraude, que los tiempos no dan.
El régimen tiempla la cuerda de un país desesperado, que recibe esas declaraciones con frases como “jamás los podremos sacar por las buenas”. Cuidado, la violencia no favorece a nadie. El gobierno quiere un estallido porque lo afirmará en el poder, en momentos en que la economía lo está eyectando. Saben que van a colapsar en cualquier momento. PDVSA viene importando entre 10 y 15 buques de gasolina al mes. Las refinerías bajando su capacidad: Cardón trabaja al 60%, El Palito al 50% y Jose al 30%. Citgo contrata y paga los cargamentos a USA, India y Rusia porque PDVSA no tiene ya crédito internacional. A veces los buques pasan días sin descargar en los puertos frente a las refinerías, esperando la paga. Así estamos.
El país no está en guerra pero tenemos el mayor número de muertes por granadas en el mundo. La fiscal con la misma sonrisa con que una mujer anuncia que cambió su color de cabello, informó que hubo 4.696 homicidios el primer trimestre del año. Más que en una guerra. No estamos en guerra pero la UNU y la OEA están alertas. Las organizaciones y cortes de derechos humanos acusan al gobierno venezolano de violador, pero éste insiste en sus afirmaciones de una tal guerra imperial y mediática contra Venezuela. Tanto el embajador Bernardo Álvarez como la canciller Delcy Rodríguez dijeron en la OEA que en Venezuela no hay crisis humanitaria sino una “situación compleja”. Los atónitos venezolanos, que luchan día a día duramente para mantenerse con vida, no pueden menos que indignarse ante la indiferencia criminal de un gobierno que se niega a declarar la crisis humanitaria para que organizaciones internacionales ayuden a los venezolanos con medicinas y alimentos. El presidente mundial de Cáritas denuncio con asombro en la televisión internacional católica esta semana, que el gobierno venezolano le había negado el envío de ayuda al país. La maldad compite con la ineptitud a ojos vista.
Una noticia indica el momento terminal que vive Venezuela: el Vaticano ha anunciado visita de su canciller, Monseñor Paul Richard Gallagher, el 24 de mayo. El Papa Francisco, que medió entre Estados Unidos y Cuba, ha hablado de la imperiosa necesidad de diálogo en Venezuela. Pero sin duda para que el diálogo sea eficiente, se necesita la enmienda de las conductas que han provocado esta explosiva situación. Y el gobierno no lo entiende así.
El régimen amenaza a diputados que denuncian con destituirlos por “traición a la patria”, amenaza a los empleados públicos con botarlos si firman; difama a líderes de oposición, ligándolos con bandas hamponiles, que el mismo gobierno ha nutrido con su permisividad todos estos años. El gobierno y sus infames aliados no se detendrán en consideraciones morales, éticas o constitucionales para impedir el revocatorio. Y ya se les ve el bojote: el CNE tiene la orden de promover las elecciones a gobernaciones y alcaldías en diciembre, porque sabe que la oposición está unida contra el gobierno central pero que los partidos regionalmente disputan los gobiernos locales.
La Mesa de la Unidad tiene una responsabilidad histórica: mantener unida a la oposición como única vía para lograr el cambio de gobierno. Los partidos, así corran el riesgo de desaparecer, deben hacer ese sacrificio por el país y por los venezolanos. Los intereses personales y partidistas sobran en estos momentos cuando solo la generosidad en la unión, la fe y la oración, la lucha sin desmayo, podrán dar el triunfo que busca el país decente y productivo desde hace 17 años.
En el Psuv adelantan el “por si acaso” hay revocatorio, utilizando la misma imagen y frase de otro revocatorio: “Aquí NO se rinde nadie”. Ni tan subliminal la imagen
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