Una cosa es el pesimismo ante las opciones que se plantean para seguir luchando y otra la racionalidad que debe asistirnos para tratar de ser exitosos en nuestro desempeño. Soy de los que piensan que andar todo el tiempo negándonos las posibilidades de salir de esta tragedia, sólo conduce a estar más hundidos en este abismo en el que nos mete la tiranía que Maduro se empeña en prolongar. Por eso no dejamos de estar dispuestos a cumplir cualquier tarea, por más simple que sea, en cualquiera de los ámbitos en dónde el destino nos ha colocado, dentro y fuera de Venezuela.
El pasado viernes -13 de agosto- seguimos el acto de instalación de la nueva mesa de diálogo que se instaló en México, que viene siendo como una continuación, retardada, del proceso de ese mismo orden que tuvo lugar en Barbados el año 2019. Como bien sabemos esa cumbre de Barbados fue aprovechada, hábilmente, por el régimen madurista para desmontar las gigantescas movilizaciones de centenares de miles de venezolanos que acompañaban a Juan Guaidó en ese momento, entonando su mantra del cese de la usurpación. De esa primera parte de Barbados, sólo quedó la amarga experiencia de la reincorporación de los diputados del PSUV al parlamento en el que después montaron la Operación Alacrán.
La racionalidad nos obliga a tener en cuenta que Maduro no ha cumplido ninguno de los acuerdos suscritos en anteriores negociaciones, por lo que me veo en la necesidad de refrescarle la memoria a los que me leen, evocando la carta pública que, a manera de serio reproche, le hiciera el Cardenal Parolín, después que en el Vaticano confirmaron que el dictador venezolano no honró los cuatro puntos acordados en el diálogo de octubre de 2016 celebrado en Caracas.
Como venezolano deseo, de todo corazón, que esta puesta en escena mexicana sea la excepción, pero lamentablemente no puedo dejar de analizar la realidad y las características del régimen que nos oprime en Venezuela, para concluir en que Maduro manda a sus emisarios con una agenda definida: 1. Ganar más tiempo, 2. Ahondar las diferencias entre los directivos de esa oposición, 3.Que EEUU levante las sanciones aplicadas a las individualidades relacionadas con los más variados delitos, y 4. Que le validen sus instituciones, entre ellas el TSJ, para desviar el proceso que cursa en la Corte Penal Internacional. Creo firmemente que lo de las sanciones no le será fácil lograrlo y espero que nadie se atreverá a darle la bendición al parapeto tribunalicio que le sirve a Maduro para sostener su tinglado dictatorial.
Se ha querido hacer ver que esta nueva ronda de diálogo es diferente «porque tenemos acompañamiento internacional y lo modera el Reino de Noruega». Sobre esto último no dejemos de tener presente, para el inventario y su correspondiente diagnóstico, que Noruega viene haciendo ese papel desde hace meses, como también lo hizo en el diálogo
Por Antonio Ledezma.
@alcaldeledezma











