Nuestra capacidad de asombro, y al parecer nuestra paciencia, tiene unos límites bastante altos
Recuerdo cuando el venezolano era un tipo chévere, con un excelente sentido del humor, amable, bondadoso y dispuesto a ayudar a alguien. Recuerdo que el venezolano se la daba de vivo, pero también señalaba al abusador y hacía respetar sus derechos. ¿Qué le pasó a ese tipo? ¿Se murió? En los últimos años, el venezolano ha sufrido una involución.
Son pocos los que dan las «buenas tardes», los que piden las cosas «por favor», o los que dicen «gracias». Aquí tocar corneta es poner en riesgo la vida, que un perro huela a alguien puede ser sinónimo de muerte y pienso que si a una persona no le gusta un chiste en un espectáculo de comedia, ese comediante puede recibir un balazo. Así están las cosas en este momento.
Nos hemos dejado fregar en todos los sentidos, nuestra capacidad de asombro, y al parecer nuestra paciencia, tiene unos límites bastante altos. Lo de revisar las maletas a los viajeros en el Aeropuerto Internacional de Maiquetía ya está bastante mal, pero es peor que la gente no reaccione, que se deje violar sus derechos. Sí, hay un problema con los raspa tarjetas, ¿pero es esa la solución? ¿Hay que violar la privacidad e intimidad de la gente?
Si Martin Luther King hubiera contado con un pueblo tan sumiso, nunca se habría dado la revolución de los derechos civiles para las personas de color en Estados Unidos. Si Mandela hubiera contado con un pueblo sumiso, Sudáfrica seguiría con su apartheid. No es solo marchar de vez en cuando y tomarse fotos con el candidato bello de turno, la idea es hacer valer nuestros derechos.
Yo entiendo que las cosas están mal (bueno, mal es endulzar, las cosas están muy mal), y eso afecta a chavistas, opositores, ninis, caraquistas y magallaneros. Tenemos derechos que deben respetarse; y tenemos que hacer que se respeten.
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@andy_schmucke











