Política con Cabeza Fría
mayo 9, 2022 4:59 pm

 

 

 

La aparición de Hugo Chávez en la escena política venezolana marcó un antes y un después de la racionalidad como característica indispensable para una práctica política sana en la que se dé la debida importancia al apego a los valores y principios propios de un sistema democrático.

 

 

Chávez y sus compañeros de las pérfidas aventuras golpistas de 1992 viajaron desde el pasado remoto a través del túnel del tiempo con la misión de imponer una visión militarista y atrasada de la forma de hacer política. Un comportamiento muchas veces vulgar y que en principio hacía caso omiso de los valores que después de muchos años habíamos logrado incorporar a nuestro comportamiento.

 

 

Es así como Chávez se mostraba intolerante con los rivales políticos llegando a calificarlos de enemigos y con el tiempo de objetivos militares. La intolerancia como comportamiento político en amplios sectores de la población trajo una reacción que no se hizo esperar. La misma se caracterizó también por conductas que lejos de buscar corregir el comportamiento del primitivo caudillo, se dirigían a una confrontación en la que la oportunidad del diálogo parecía cerrada de entrada.

 

 

Chávez era, además de intolerante, tremendamente irrespetuoso. Eso no se manifestaba solo en lenguaje grosero y grandilocuente. Fuimos testigos del maltrato que recibieron los ex presidentes venezolanos al suspenderles algunos privilegios e incluso la pensión que les correspondía por los servicios prestados y en clara violación de los principios contenidos en la constitución de 1999.

 

Figuras de arcilla que representan a Simón Bolívar y la mayoría de los presidentes de Venezuela de los siglos XX y XXI. Mercado Principal de Mérida. Autor: Guillermo Ramos Flamerich
Como mencionamos anteriormente, Chávez no reconocía a sus rivales como adversarios en lo político. Quería someterlos por la vía de la violencia puesta en práctica a través de distintos mecanismos como las hordas amenazantes que enviaba a intimidar medios de comunicación o instituciones empresariales como Fedecámaras.

 

 

Con la llegada de Chávez al poder Venezuela fue arrojada al pasado y se le impidió su ingreso al siglo 21. No en balde, en este momento, Venezuela es tan pobre como Haití en términos de producto interno bruto per capita. Ese atraso tuvo un efecto expansivo en todos los sectores de la sociedad.

 

 

 

La práctica de la política paso a ser una lucha de enfrentamientos estomacales en los que la racionalidad fue una víctima cuya pérdida hemos lamentado y sufrido por más de veinte años. La ausencia de racionalidad nos ha llevado a tener muchos partidos de oposición que, teniendo como adversario común al chavismo, dedican mucho más tiempo y esfuerzo al aniquilamiento de quienes en principio serían aliados para conformar la fuerza necesaria para derrotar al chavismo en el terreno político.

 

 

Los termocéfalos como los denominaba el doctor Antonio Blavia, se hicieron de la arena política y privó más la política reactiva que el diseño de estrategias y la consecuente planificación táctica. La política diseñada desde los sentimientos tiende a no observar el entorno con claridad e impide el diseño de acciones debidamente calculadas desde la frialdad necesaria para evitar errores.

 

 

Habiéndose sometido a la autoridad de Fidel Castro, Hugo Chávez contó con la tecnología cubana de sometimiento y ocupación que ya había puesto en práctica en Siria, Argelia, Angola, Etiopía, Nicaragua y Chile. Como colonos de Venezuela, los cubanos se ocuparon primero de reclutar el caudillo. De allí en adelante le fue fácil al régimen cubano con base en su racionalidad ir tomando el poder e implantando formas de hacer en Venezuela.

 

 

Mientras que los venezolanos que se oponían a Chávez luchaban con la energía que salía de sus corazones, el cerebro cubano al que no le dolían las víctimas, operaba desde el congelador poniendo en práctica mecanismos de opresión y control que fue mermando poco a poco al pueblo y llevando a muchos a refugiarse en la indefensión aprendida. De allí que la emigración fuese una salida para ir en búsqueda de la libertad en otros países.

 

 

No hemos contado quienes nos oponemos al régimen con la frialdad necesaria para evaluar nuestra situación y a partir de allí, poner en práctica acciones políticas que nos devuelvan el sentimiento de que tenemos el poder suficiente para confrontar y derrotar al régimen.

 

 

No me paseo por la confrontación violenta porque es algo ajeno a nuestros valores y principios. Quienes osaron enfrentarse al chavismo por la vía armada terminaron siendo brutalmente aplastados o apresados y torturados. La guerra de Ucrania arroja suficientes elementos de duda sobre la posibilidad de que una fuerza militar invada Venezuela y saque a Maduro del poder.

 

 

Nos corresponde entonces meternos en el congelador para hacer política. No para paralizarnos o entregarnos. Al contrario, el liderazgo debe hacer una evaluación fría de nuestra situación. Evaluar nuestras debilidades y fortalezas y proponer acciones que corrijan o minimicen las debilidades y aprovechen o maximicen nuestras fortalezas. Para ello, hace falta un acuerdo político inclusivo que pase entre otras cosas por tomar en cuenta a los disidentes del chavismo.

 

 

Lo que es innegable es que Maduro y sus secuaces se están preparando para el 2024 y lo están haciendo con la frialdad suficiente para ganar esas elecciones. Es una vergüenza decirlo, pero si hay una referencia de frialdad y calculo en la práctica política es precisamente la del chavismo.

 

 

En mi opinión, estamos a tiempo de atajarlos. Para ello, necesitamos articularnos alrededor de un único objetivo: derrotar al chavismo. Para ello, debemos sacar a la racionalidad de la terapia intensiva y comenzar a usar el cerebro para los planes y el corazón para la fuerza necesaria para la lucha.

 

 

 

José Vicente Carrasquero