Me perdonan que escriba este artículo en primera persona. Por lo general en esta columna no lo hago. A muchos de nosotros nos enseñaron que «el yo» debía desaparecer de las notas periodísticas, sin embargo al tratarse de un artículo de opinión me voy a tomar esa licencia para explicar mi salida del canal en el que entre una cosa y de manera pasé ocho años de mi vida.
En mi segunda vuelta a Globovisión cambié de fuente. Hace casi tres años tuve la maravillosa experiencia de emprender una aventura televisiva con dos «Mujeres en todo», mis grandes amigas Alba Cecilia Mujica y Verónica Rasquin. Sí, un programa light pero no por eso bobo. Noticias cotidianas, importantes para el día a día. Salud y calidad de vida eran mi fuente.
Obviamente a nuestro espacio nunca intentaron cambiarle la línea editorial (no necesitaban hacerlo) y la única intervención fue para darle más recursos. De hecho tengo que agradecer a la Directiva la apuesta que hicieron con el mismo. Pero es que ese no es el punto. A manera de «símil «es como si redecoras el cuarto de una casa pero el resto de la estructura se está derrumbando.
¿Y por qué afirmamos esto? Porque las bases de un canal de noticias se sustentan precisamente en la información, en la investigación, en la denuncia y en un elemento importante para el reflejo de la realidad como lo es el darle la palabra a quienes por otra vía les resultaría muy difícil expresarse. Ciertamente muchos vimos con beneplácito cuando los voceros oficiales comenzaron a ir a los programas del canal, finalmente y después de mucho tiempo se tendría la necesaria visión contrastada de la realidad y se lograría el acceso a las fuentes que estuvieron cerradas. «Buscar el centro» como fue la promesa básica de los primeros encuentros con los nuevos dueños nos pareció una gran opción. Pero todo comenzó a torcerse y sobrepasó la prometida «línea del medio».
Amén del desbalance informativo comenzaron las presiones del Gobierno, las listas negras de entrevistados vetados y la «salida» sin argumento de personas y programas emblemáticos del canal. El argumento de «defender los espacios» -válido para algunos que respetamos profundamente- comenzó a pesarnos demasiado a la luz de nuestro Pepe Grillo particular.
Cuando no se comparte la línea editorial, simplemente es mejor apartarse del camino. Y es que el tema no es si las decisiones nos afectan de manera particular, si tu programa lo censuran o nunca lo harían porque es «light», sino si te puedes ver al espejo y decir «no pasa nada» con tranquilidad. Mi hija mayor, mi princesa, comienza en octubre a estudiar Comunicación Social con toda la ilusión del mundo. ¿Cómo podría mirarla a los ojos y decirle que el amor del periodista es la verdad aunque esta siempre sea incómoda al poder?
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Por María Isabel Párraga











