Parole, parole, parole…

Parole, parole, parole…

Noticias no son solo declaraciones». Hace unos días le escuché la frase a un colega periodista y me pareció que aplica no solo al Gobierno, sino también a la oposición.

 

Hay un afán medio comodón de unos y otros de pensar que si hablan ya está hecho. Voluntarismo pues. Tal vez por aquella frase bíblica de: «… y el verbo se hizo carne». Muchos líderes convocan una rueda de prensa o hacen un acto público solo «para hablar» y se quedan «tan anchos». Resulta que el venezolano está cansado, harto y ahogado entre tantas palabras. Su paciencia hizo «glu, glu, glu», se fue al foso y es por eso que las oraciones dichas en tono épico ya ni le van, ni le vienen.

 

Escuchar, por ejemplo, a algún vocero gubernamental hablar de cómo ahora sí va a mejorar la calidad de vida del venezolano porque están logrando controlar la inflación, amén de dar risa porque a estas alturas ya rebasaron las expectativas de todo el 2013, genera una profunda indiferencia. ¡Qué decir cuando nos dicen que el Plan Patria Segura es todo un éxito!, si cuando vamos a las cifras reales observamos que no solo no bajan, sino que se dan casos grotescos como la muerte de ocho personas en una fiesta o el disparo a mansalva a una mujer y sus dos hijas por una «equivocación» de la Guardia Nacional.

 

Oír a Maduro lanzar sus frases contra el imperio lo menos que causa es hilaridad porque a la hora de la verdad nunca habíamos sido tan tremendamente dependientes de las importaciones de esa nación como ahora cuando según algunas fuentes confiables del mundo de la energía hasta estaríamos comprando gasolina a ese país. ¿Dónde queda entonces el sentido de tanta retórica antiyanqui?

 

Pero del lado de la oposición también hay un exceso de palabras. Van al Tribunal Supremo de Justicia a demandar la supuesta ilegalidad de una elección pero ya hablan del «Gobierno» avalando así su legitimidad. Entran en la dinámica electoral cosa que tal vez sería lógica en condiciones normales, pero se olvidan que aquí nada hace pensar que estemos en un escenario convencional. La palabra «crisis» se hace presente en todos los aspectos de la vida del ciudadano pero éste se ha quedado solo sin que algún liderazgo vaya más allá de las conocidas declaraciones sobre el drama diario que significa vivir en nuestro país. Puras palabras ante los medios, que por cierto no están en su mejor momento en virtud de las historias conocidas de censura y autocensura.

 

Noticias no son solo declaraciones (algunas dadas en salones con aire acondicionado o en actos protocolares), son acciones. Hechos que cambien el curso de las cosas o alteren este «marasmo» perverso en el que todo va en caída libre pero «acolchonado» entre palabras como para que no nos demos cuenta.

 

mariaisabelparraga@gmail.com

Por María Isabel Párraga

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