No hay hambre en Venezuela
junio 26, 2013 7:15 am

El canciller Elías Jaua aseveró que “las organizaciones internacionales saben la verdad de lo que pasa en el país porque tienen métodos científicos para estudiarla”. En ese orden, recordó que la ONU, a través de la FAO, otorgó un reconocimiento a Nicolás Maduro por la lucha de su gobierno contra el hambre. Jaua expresó que gracias al fallecido expresidente, Hugo Chávez, “no hay hambre en Venezuela”. También, dijo que a la “derecha le picó” el premio.

 

Además de la tremenda coba que se dispara aquí el canciller de la revolución, quien al parecer sus viajes y paseos por el mundo le impiden ver de cerca lo que ocurre en el país, especialmente en la provincia, donde el hambre, las fallas, la falta de suministros y la escasez de alimentos es la norma; también hay la infaltable jalada del burócrata hacia el líder supremo, a quien todo el mundo sabe le debe desde el flux hasta los cordones de los zapatos.

 

Eso se entiende. Graduarse a empujones desde primaria hasta bachillerato, terminar la universidad casi batiendo una marca mundial de permanencia y repitencia, dejar las huellas a pedradas y candela por todos las esquinas de la UCV, sacar de circulación al menos 50 autobuses chamuscados a nombre del comunismo cubano y, finalmente, obtener un título que huele más a pólvora que a libros y más cercano a la jubilación que a la edad del arranque productivo, no es un buen augurio ni tampoco enseña buen futuro. Pero, apareció el gigante. Le salvó la vida a Jaua y a otros con el mismo perfil. En realidad a todos los próceres de la revolución. Los hizo y los enchufó. De allí que esté plenamente justificada la eterna jaladera de mecate que carga como una múcura la burocracia del proceso revolucionario. Pero una cosa es el agradecimiento sin freno y otra cosa mentir descaradamente en su nombre.

 

Claro que hay hambre. Y bastante. Lo que ocurre es que esta burocracia, ya debidamente acomodada y aburguesada, tiene años que no camina como una persona normal por las calles. Lo hacen cuando están en gira política o en campaña. Ahí no está la realidad. Y menos cuando en días normales uno sabe que por ahí viene un prócer rojo porque los escoltas cubanos te sacan de las calles a empujones y a punta de sirena. Hasta ocho motos y cinco camionetas se puede gastar un ministro.

 

Pero, en este gobiernito un simple director de traje gris carga su guardaespaldas y camionetota negra. Hace años que no ven a un niño comiendo sobras en plena calle, a los mendigos metiéndole horas extras a la cara de lástima o a los payasos a juro en los semáforos viviendo de la caridad de los caminantes. Son burócratas agradecidos y defiende puestos. Y así quedarán registrados por la historia.

 

Porque obra, lo que se dice obra, no hay. Camiones de gamelote. Eso sí.

 

erojas@eluniversal.com / Twitter: @ejrl

Por Elides Rojas