No es lo mismo

No es lo mismo

El discurso y la propaganda tienen un límite que es la fuerza de la realidad

 

 
Si la realidad es muy potente, se hace infranqueable y, en consecuencia, el poder de la comunicación se evapora.

 

 

Pongamos un ejemplo del mundo del mercadeo. La publicidad de un producto puede decir que este detiene la caída del cabello, e incluso lo hace crecer. Si los anuncios son buenos y se transmiten frecuentemente porque hay dinero para ese fin, el producto se venderá. Si funciona, será un sostenido éxito de ventas. Si no, el que lo compró no lo vuelve a comprar. Pero si además tumba el pelo, no habrá ser humano que caiga en la trampa. Lo que hay que cambiar no es la publicidad, sino el producto que no sirve.

 

 

Se puede insistir en la misma propaganda que antes vendía, porque el producto era nuevo e insuficientemente conocido. Pero esa campaña dará cada vez menos resultados. Cambiar la propaganda tampoco basta. Porque lo que falla no es la comunicación, es lo comunicado. Y además la mala calidad de la oferta acaba exterminando la credibilidad del comunicador.

 

 

La realidad que cada día golpea en la cara al venezolano, sea consumidor o paciente, por citar solo dos lados de la crisis multifacética que padecemos, es demasiado fuerte como para que se la siga atendiendo con propaganda. Lo que siempre fue verdad, ahora es obvio e inescapable: no es lo mismo gobernar que discursear.

 

 

Para llegar a Maracaibo, un camión cargado de plátanos de El Chivo debe pagar seis vacunas, sin contar las alcabalas de la Guardia. Lo que me contó un agricultor de carne y hueso en el Sur del Lago, es lo que sufren los productores y transportistas de cualquier rubro en cualquier parte del país. En las clínicas, hospitales y laboratorios faltan insumos o están sin reparar equipos, como en las farmacias escasean medicamentos.

 

 

Si el Gobierno asumiera la verdad hoy, tomara las decisiones correctas y dispusiera de las divisas que ha gastado o se le han ido por las cañerías del derroche y la corrupción, cada actividad tardaría meses en normalizarse, porque hay que pagar deudas a proveedores, restablecer las cadenas aquí y afuera, y adquirir repuestos y partes de la maquinaria averiada para ponerla en marcha.

 

 

Gobernar no es mitinear, ni puede sacrificarse a los venezolanos como becerros en el altar de adoración a una teoría. La realidad le está gritando al Gobierno. La primera emergencia es que la escuche, entienda su mensaje y actúe en consecuencia.

 

 

@AveledoUnidad

 

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