Me llegó la hora

Me llegó la hora

Solo soy un pana que busca una vida mejor, vida que Venezuela no me puede dar

 

Me llegó la hora de partir. Fantaseaba con la idea desde hace algún tiempo pero nunca pensé que realmente lo haría. Nunca pensé que saldría de Venezuela buscando otras latitudes que me ofrecieran lo que mi país no puede: seguridad y una mejor calidad de vida. Pero ya lo ven, cuando hay que partir, hay que partir.

 

Solo con seguridad me conformaba, pero de nada vale trabajar como un burro para que en cualquier esquina un malandro te mate. Eso no es justo. Sería mejor trabajar para el malandro y ya, él se lleva una importante comisión de lo que tú ganes honradamente y al menos te deja vivir. Vaya, tremenda idea, vamos a ver qué grupo delictivo la aplica.

 

Tuve la suerte de salir con una oferta de trabajo que acepté sin chistar, tuve la suerte de que una empresa extranjera se interesó en mí y me está dando una oportunidad de oro. Tuve la suerte de conseguir un trabajo en lo que me formé y en lo que tengo experiencia. Tuve la suerte que muchos de los que deciden emigrar no tienen. Pensándolo bien debería darme con una piedra en los dientes.

 

Dejo a mis afectos más profundos, a mi mamá, a mi hermana, a mi papá, a mi segunda mamá, dejo a mis tres abuelos que aún están activos, dejo a algunos amigos. Dejo lo que conozco, mi zona de confort, y me adentro en lo desconocido. Es un reto, pero los retos hay que asumirlos y superarlos, y también me voy con la intención de que mis nuevos compañeros digan: «ese chamo venezolano sí es bueno».

 

No soy de despedidas, de los que se toma fotos en el piso del aeropuerto internacional, ni de los que habla mal de su país en el extranjero. Solo soy un pana que quiere progresar y que busca una vida mejor, vida que Venezuela no me puede dar. Y en realidad uno puede salir de su país, pero su país nunca saldrá de uno.

 

Andrés Schmucke

@andy_schmucke

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