Otro dakazo no salva a este Gobierno, que los asesores se olviden de eso y que inventen otra cosa. A pesar de que el madurismo cae, hay gente que le votaría pues con este régimen se piensa segura, beneficiada
Otra medida al estilo dakazo ya no es posible ni le serviría de nada a Maduro y sus secuaces. Ahora tienen la ley de precios justos, no hay excusas. Sacar de la manga otra medida de ese estilo sería mostrarle las costuras al público, de manera harto impúdica.
Maduro se ha quedado solo ante el peligro, a la hora señalada: enfrenta las desgracias que su querido comandante generó de la mano de Jorge Giordani.
Las ha heredado en forma de maciza y opulenta cagarruta. Una cagarruta que se desenrosca como una mapanare sobre esta tierra de gracia y lo va envolviendo, de los pies al cuello. El pajarito que se le apareció hace tiempo se lo advirtió pero no entendió el pío pío.
El destino del heredero es el estrangulamiento por cagarruta, metafórica- mente hablando. Flanqueado por Miguel Rodríguez Torres y Diosdado Cabello (deja atrás, probablemente, a Rafael Ramírez) entra de lleno en la ruta económica trazada de antemano, con el aniquilamiento del aparato productivo y otros desaguisados. Todas las cifras del terror las tiene José Guerra.
He visto esta semana a un par de estadísticos de primera interpretando cifras. Luego de reflexionar sobre los trabajos de Datanálisis, Venebarómetro y algo de Keller, resulta que Leopoldo López ha tomado aire con su maniobra. Ahora lo conocen en todo el país, cosa que antes del 12 de febrero no sucedía. Ha ganado puntos y se empareja a Henrique Capriles, pero este le lleva ventaja todavía. A María Corina Machado apenas la recoge el radar, y sin embargo es uno de los blancos predilectos de los programas de VTV. Se nota que tiene la capacidad de enervar a los mediocres, y solo por eso merece un aplauso; pero debe olvidarse de su agenda particular.
OTROS DATOS
Las encuestas arrojan que no hay líderes definitivos, arrasadores, ni en la oposición ni en el Gobierno. Es como si la gente viniera de regreso, agotamiento que va de la mano con el descreimiento. Esa muchedumbre en los cerros o encerrada en el tumulto citadino, quizás amarrada todavía a la ilusión de la Gran Misión Vivienda, le permite a un individuo como Nicolás Maduro gozar, a estas alturas de la catástrofe, de un piso que ronda 35%, más de lo que tiene por ejemplo Vilma Rousseff, que disfruta apenas del 31% de aprobación y sin embargo lidera la intención de voto en Brasil.
O sea, esto es un panorama incierto y la modernidad no cree en líderes como antes. En todo caso aún no está cantado que Maduro no vuelva a ganar elección o referendo alguno.
Es significativo que los ni ni estén más vigentes que nunca. Es un mal síntoma. Uno no debe fiarse de ellos. Lamentablemente, al parecer 49% de los jóvenes son ni ni.
Hablar de votos hoy es una tontería. El Gobierno gana tiempo con el método de la zanahoria y el garrote, o como sea que diga el dicho. Su vocación es ganar tiempo a como dé lugar y ganar también en militarismo, en represión, en cinismo.
«Maduro es el pueblo» dice el nuevo ritornelo publicitario. No parece. Aunque el oficialismo luce más consolidado en las encuestas estudiadas que la oposición (sobre todo porque en la oposición hay demasiadas agendas individuales), lo cierto es que 60% de la gente piensa que Maduro no llega al año 2016. Sesenta por ciento, caballero.
Lo bueno es que ahora el pueblo no desenfoca tanto como en vida de Chávez en cuanto a responsabilidad sobre la debacle: la mayoría le achaca la culpa al Presidente o al Gobierno y sus ministros.
Mientras tanto, en Ciudad Bizarra, cientos de jóvenes son cazados como en una pesca de arrastre por GNB y PNB. La lucha no tiene fin. No hay horizontes. No hay futuro. Hay una certeza: la mayoría del país piensa que esto es dictadura.
¿Este pueblo ha escarmentado? Sigue habiendo chavistas duros, chavistas por beneficio y chavistas esperanzados. De los esperanzados salen para engordar filas del ninismo, no para la oposición.
Los chavistas de beneficio continúan siendo un peligro. Es el pueblo llano engañado por una beca, una misión, una dádiva. Está insatisfecho, desde luego; pero se conforma.
Sebastián de la Nuez











