La inflación, otro fracaso
marzo 6, 2013 9:45 am

Quien quiera hacer una crónica de la política antiinflacionaria que ha seguido la administración del presidente Chávez, debe sumergirse en un conjunto de documentos vertidos en los planes de la nación y los programas económicos anuales, que revisados hoy en día lucen como si hubiesen sido escritos por amateurs de la economía.

 

La cronología es como sigue. En las primeras etapas del gobierno, hasta 2002, el ministro Giordani fue de la tesis de que había que contraer el gasto y consiguientemente la demanda agregada para contener el alza de los precios, ayudado por una política de anclaje del tipo de cambio, en la que siempre ha creído el ministro.

 

Ello provocó una recesión en 1999. Posteriormente, a partir de 2003 el gobierno se lanzó por el camino sin retorno de los subsidios masivos y generalizados mediante la venta directa de alimentos a través de Mercal y posteriormente PDVAL. Subsidios multi millonarios han sido insuficientes para domar el alzas sostenida de los precios.

 

En esa misma tónica, el gobierno elevó a un ritmo frenético las importaciones de alimentos elaborados, sin incluir las materias primas, las cuales pasaron de aproximadamente US$ 1.500 millones en 2007 hasta más de US$ 7.000 millones en 2012. La propia economía de puertos.

 

El hilo conductor de la política para abatir la inflación diseñada por el gobierno ha sido una y única, con las especificidades del caso. Esa política consiste en fijar el tipo de cambio para abaratar las importaciones a costa de la destrucción del aparato productivo interno.

 

Esa política que ha fracasado en todos los países donde se ha aplicado, en Venezuela se ha instrumentado con una persistencia que ha hecho del país una especie de campo para la experimentación de ensayos fallidos.

 

Como se documenta en el gráfico anexo, para una muestra de países de América Latina durante el lapso 1999-2011, Venezuela tuvo una inflación acumulada de 1.009%, el record de la región, mientras en países como Perú la inflación acumulada en trece años alcanzó 35,0% y en Colombia 94,0%, a pesar de que en ambos casos el tipo de cambio fluctuó y nunca estuvo fijo.

 

Lo que hizo la diferencia entres esos países y Venezuela fue que aquí el BCV y el Ministerio de Finanzas actuaron de manera irresponsable generando déficits fiscales que fueron financiados mediante la impresión de dinero. De esta manera, BCV se transformó en el principal enemigo del bolívar contribuyendo a su literal destrucción como medio de pago.

 

Actualmente, muy pocos confían en bolívar, muchas transacciones se realizan en dólares y como instrumento para ahorro, el bolívar es inservible.

 

Siempre practicando con la economía, estuvo manejando el gobierno durante algún tiempo, alrededor de 2008, con la noción algo exótica de que la inflación en Venezuela tiene causas estructurales. Nunca se precisó qué se quería decir con ello para luego, por inútil, ser descartada por el mismo gobierno, esa idea con ínfulas de teoría, como explicación convincente de la inflación en Venezuela.

 

De allí se movió, a partir de 2010, la política antiinflacionaria que ha seguido el gobierno hacia la tesis sobre la conspiración de comerciantes y consumidores. Los primeros porque suben los precios, los segundos porque realizan compras nerviosas.

 

A ello se adiciona, la fijación de precios por parte de la Sundecop, las inspecciones que rutinariamente realiza el Indepabis, los cierres de negocios y la imposición de multas. Así pretende el gobierno bajar la inflación.

 

Planteadas así las cosas, el mismo gobierno ha generado escasez, destruido el aparato productivo en tanto que la inflación sigue su curso alcista. Para completar, en medio del desvarío, el gobierno pretende que una devaluación del bolívar de 46,5% no tenga incidencia sobre los precios.

 

2013 será un año complejo, donde el escenario más probable es que se estanque la economía, se acelere la inflación y se magnifique el desabastecimiento.

Fuente: Noticiero Digital

 

Por José Guerra