Desde cada trinchera se lanzan ataques sin medida con lo cual, lejos de fortalecer las posiciones, sea cual sea, se debilitan aún más y retroceden mientras Maduro amarra su triunfo para el 6D
Para el gobierno de Nicolás Maduro una de las razones para ganar la mayoría en la Asamblea Nacional (AN) y recuperarla para el chavismo, es contar con los mecanismos legales para reclamar internacionalmente los activos que se encuentran en el exterior y que están bajo control del gobierno interino presidido por Juan Guaidó. Entre ellos la empresa Citgo. Así lo reconoció el jefe del chavismo.
Desde luego que de producirse ese resultado el 6 de diciembre (6D) lo primero que requeriría la nueva Asamblea es reconocimiento internacional, lo cual pasaría por el aval de los observadores. Con esa carta podrían dar los pasos necesarios por vías legales. Este es un punto que resultaría delicado para la oposición que llama a la abstención y especialmente para Guaidó. Por eso el madurismo ha llamado a la Organización de las Naciones Unidas (ONU) y la Unión Europea (UE) como observadores, aunque todavía no hay respuesta.
Otra consecuencia de este escenario sería que si Maduro consigue que estos observadores de ese nivel reconozcan la elección, resultaría imposible que la actual AN extendiera su período ya que no sería reconocido por estas dos importantes instancias (ONU y UE) así tenga el apoyo de Estados Unidos.
El actual debate de votar o no votar se ha ido al terreno en el que justamente quería colocarlo el gobierno de Maduro, es decir, el de la intriga y la descalificación. La contienda entre opositores en lugar de analizar los escenarios, las probabilidades y opciones, se diluye en descalificar al otro, se acusan entre sí de traidor, corruptos o infiltrados y los argumentos pasan a segundo plano.
Un grupo minoritario de cientos de partidos y movimientos decidió acudir a las elecciones. Allí están, desde los disidentes del chavismo, hasta los que recibieron el aval del TSJ, pasando por la “Mesa de Diálogo” y otros partidos y movimientos con cierto apoyo como Avanzada Progresista.
En la acera de enfrente están los del 4G y los 27 partidos y movimientos que apoyan a Guaidó que firmaron el Pacto de Unidad con una posición muy determinante de no participar, pero enfrentados al grupo radical que pide la intervención internacional. A estos movimientos les apareció otro contrincante de peso que fue la irrupción de Henrique Capriles quien, desconociendo la posición de su partido, Primero Justicia, plantea que se debe participar, al tiempo que exige mejores condiciones.
Desde cada trinchera se lanzan ataques sin medida con lo cual, lejos de fortalecer las posiciones, sea cual sea, se debilitan aún más y retroceden mientras Maduro amarra su triunfo para el 6D.
Cuando al dilema de votar o no votar se le atribuyen carácter de principios, se pierde la razón del por qué actuar en determinado escenario y qué beneficios puede traer para el avance de un propósito de cambio y salida del gobierno chavista.
Aunque la oposición se abstenga el 6D, Maduro no saldrá del poder como consecuencia de ese acto. Lo mismo ocurrirá si la oposición decide participar aunque califique el evento de ilegítimo y fraudulento. Es decir, ninguna de las dos posturas conducen a la salida de Maduro.
Lo cierto es que el proceso electoral tendrá lugar el 6D a menos que ocurra algo extraordinario que obligara al gobierno a cambiar la fecha.
Pero hay algo que si es seguro. Si la oposición va separada, sin una acción conjunta frente al 6D, Nicolás Maduro habrá triunfado, la decepción y desesperanza del 80% de los venezolanos va a ser aún mayor y el retroceso político para el cambio se hará sentir en esa población cada día más escéptica.
Si por el contrario la oposición va unida con un propósito de acción podrá recuperar apoyo y profundizar el descontento que se está produciendo en el oficialismo que hoy se extiende a casi 50% de quienes se definen como chavistas.
FRANCISCO OLIVARES
@folivares10











