Desde las tribunas oficialistas rebosan las sonrisas y el bienestar que provee la revolución. También abundan los anuncios, las promesas de felicidad…
Desde las tribunas oficialistas rebosan las sonrisas y el bienestar que provee la revolución. También abundan los anuncios, las promesas de felicidad, del mundo nuevo en el que la clase obrera dirigirá la economía del país.
Maduro, Delcy y dirigentes sindicales muy bien alimentados hacen sus reiterados congresos donde, desde su mundo particular, exaltan las bondades del comunismo siempre alimentadas en un futuro que nunca aparecerá.
Desde esas tribunas no existen los que mueren bajo extrañas circunstancias en las celdas del SEBIN, ni la hambruna que se impone sobre una población desesperada.
Mientras Maduro pide un año más para que su Plan de Recuperación Económica tenga éxito, una multitud en Vargas, desesperada por el hambre, intenta entrar a la fuerza en un almacén en donde la población ha detectado que se entregarán cajas de alimento del CLAP.
La muerte y la hambruna son dos componentes arraigados en una ideología sembrada desde la Revolución Rusa. Cuando se trata de un objetivo superior, según el cual, en el socialismo se construirá ese mundo de igualdad, toda acción en función de ese objetivo es válida para sus dirigentes.
Cada proceso histórico es diferente y en cada etapa se producen mecanismos específicos. En el caso de la ideología de raíces comunistas es manejar, como sea, a una población sometida y dependiente del Estado.
En el comunismo no hay adversarios o diversidad de pensamiento, por ello el que piensa distinto y propone objetivos distintos al de la cúpula gobernante es un enemigo, es un traidor y ello ofrece la licencia para ser condenado o exiliado. Siempre con el estigma de “traidor a la patria”.
Por ello muchos dirigentes que han pertenecido a la cúpula de poder, cuando disienten o critican una orientación terminan presos o en el exilio.
El comunismo soviético se implantó a sangre y fuego. El campesino medio, aquel que producía los alimentos, fue considerado “enemigo de la revolución” y por eso fue exterminado en el proceso de “colectivización del campo”. Familias enteras fueron masacradas sin contemplación; en una cifra que los historiadores estimaron en 4 millones de personas o más.
El desastre económico y la hambruna nos dejaron esas imágenes de niños y ancianos muertos en las calles de algunas ciudades de la URSS, bajo la bota de Josef Stalin en sus años más violentos de 1931 y 1932.
Cuba destruyó la economía y empobreció a toda la población. De allí que millones de cubanos fueron abandonando la isla durante los siguientes cincuenta años, aún a riesgo de morir en el océano. Pero Fidel Castro y su familia disfrutaron de una isla con yate en la puerta como vivienda particular, la cúpula militar dominó todas las áreas de la economía del país y sobre un pueblo hambriento una minúscula burocracia goza de los privilegios que le niegan al resto de la población. Allí no hay inflación porque no hay economía. La familia cubana vive del racionamiento alimenticio que otorga el Estado.
Ante el desastre venezolano muchos se preguntan si es que este Gobierno no tiene escrúpulos o sensibilidad ante la calamidad que sufre la gente por medicinas, alimentos, la hiperinflación o los presos políticos.
Aunque podría decirse que el Socialismo del Siglo XXI implantado por Chávez, Cuba y el Foro de Sao Paulo, tiene sus particularidades, la ideología que defienden tiene sus raíces en esa oscura historia del comunismo que fue defendida por muchos intelectuales y humanistas de Europa y América Latina. Twitter:
Francisco Olivares
@folivares10











