Frustración y esperanza

Frustración y esperanza

 

Nosotros venezolanos, especialmente en la clase media, vivimos angustiados, frustrados, pesimistas y con un humor de perros, cotidianamente. Antes, unos cuantos años atrás nos declaramos “los más felices del planeta”. También éramos conocidos por ser gente cordial, dicharachera, amable y bastante alegres. Tenía mis dudas. Sin embargo, hace unos años la cuestión cambió.

 

 

Cuando entramos en esta pesadilla, léase “socialismo del siglo XXI”, hambre, desabastecimiento y escasez se hicieron presentes algunas cuestiones de nuestra idiosincracia: la inmediatez, la hipercrítica, la actitud pesimista, además de la depresión y la tristeza. La terrible costumbre de platicar sin saber de lo que se está hablando. Asegurar como ciertos hechos que supuestamente nos constan y no son verdad. Mentiras, exageraciones, patrañas entre amigos, colegas y familia. Con una imaginación portentosa, del ámbito de la ficción: se trataría del realismo mágico o de lo real maravilloso, como lo prefieran.

 

 

De las peores actitudes: la prepotencia de los ignorantes. ¡Claro, no saben lo que son y se ponen a hablar de miles de cosas y a “pontificar”! Como si fuera poco, resulta que quien no hace nada, no estudió jamás, nunca se preocupó por la política ni nada que se le parezca se la pasa diciéndole a gente que sí está fajada, bien sea en la Asamblea, en las direcciones de los partidos, en la MUD, como funcionario público, que lo hacen mal, que nunca pasa nada y que ellos sí sabrían cómo hacerlo. ¿Por qué no hacen lo que creen que hay que hacer?

 

 

Sin embargo, lo que más molesta es que la mayoría de esos “quejicas”, como dicen los españoles, aseguran que se puede salir de esto, es decir, del gobierno, por violencia o golpes. Se molestan, pues existe una decisión importante y mayoritaria de parte de la oposición para acabar con un gobierno autoritario, neocomunista, militarista y corrupto, de manera constitucional, democrática y pacífica.

 

 

No entienden que quienes están en el poder quieren y sueñan con la violencia desatada, con la insurgencia desbordada y con las arbitrariedades. No es posible predicar algo y hacer lo contrario; eso lleva a una incongruencia vital que crea disociaciones peligrosas en el humano. No estamos derrotados.

 

 

Seguimos batallando, paso a paso, alcanzamos los objetivos. ¡Recuerden que lograr los propósitos democráticamente es más difícil que por la vía autoritaria, pero indudablemente vale la pena!

 

 

@EditorialGloria

 

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