“Aquellos que no conocen su pasado están condenados a repetirlo” George Santayana
El 4 de junio el Reino Unido celebró elecciones generales anticipadas. Un jueves para continuar con otra de las tradiciones británicas y en el que se confirmó lo que ya presagiaban encuestas y sondeos de opinión. Sir Keir Starmer lideró a los laboristas en su mejor jornada electoral desde 1997 con el legendario Tony Blair como protagonista.
El partido laborista consiguió 410 escaños de 650, duplicando su presencia en la Cámara de los Comunes y superando ampliamente los 326 necesarios para formar una mayoría. Starmer, de 61 años y líder de la organización desde 2020 fue convocado al palacio de Buckingham por el rey Carlos III para formalizar su nombramiento como primer ministro.
Durante sus primeras declaraciones a la prensa, el nuevo PM pareció haber tenido una lectura clara sobre las aspiraciones del electorado e hizo énfasis en la necesidad de que se produzcan cambios eficaces y dinámicos en áreas claves como la sanidad, la economía y la inmigración.
El líder laborista no es ningún recién llegado a la política británica, por lo que se enfocó durante su primer discurso en proyectar madurez y solemnidad, pues sabe de primera mano que en la historia reciente de Reino Unido las super mayorías vienen con un componente agregado: “La inmediatez”.
Boris Jonhson llegó al cargo de PM a finales de 2019 con un apoyo exultante no visto desde los días de Margaret Thatcher, sin embargo, su paso por el número diez de Downing Street fue breve y derivó en una inestabilidad de la que todavía los “tories” no se han recuperado.
La salida de Reino Unido de la EU, la economía postpandemia y la creciente inestabilidad geopolítica que desató en Europa la invasión rusa a Ucrania crean un entorno desafiante que el electorado asoció con la palabra cambio.
En las bancas de los conservadores la ahora oposición reclamó que Starmer no podrá realizar los ajustes prometidos sin tener que promulgar un alza de los impuestos, lo que iría en contra de lo prometido en campaña.
Sir Keir, se ha rodeado de un gabinete del ala más política de su partido y ya ha anunciado un viaje a Washington donde se celebrará la cumbre de la OTAN. El escenario es el indicado para que la nueva política exterior del UK comience a tomar consistencia. Los planes para la sanidad y la educación serán llevados a cabo con una política de expansión del personal médico y docente.
En cuanto a inmigración, “El Plan Ruanda”, sugerido por los conservadores ha sido descartado, por el contrario, se ha propuesto un enfoque de choque contra las bandas armadas que obtienen lucro de la llegada de migrantes a territorio británico. El sistema de asilo es otra de las tareas pendientes en las que el nuevo gobierno buscara plantear alternativas.
Es prematuro anticipar si los movimientos del nuevo PM tendrán la dosis de instantaneidad que se respira en las calles de Reino Unido. Por los momentos, los laboristas deberán administrar su triunfo y cuidarse de la llegada de nuevos actores al parlamento que amenazan con acaba el bipartidismo como lo son los reformistas de Nigel Farage o los Liberales-Demócratas de Sir Ed Davey.
Tomás A Chitty D











