…Me trajo un Thundercat, pero no el que yo había pedido…
No me puedo quejar, el Niño Jesús siempre me trató bien, aunque yo no siempre me portaba bien. Cuando le escribía mi extensa carta pidiéndole lo que quería que me trajera, mentía descaradamente. Yo sabía que no había sido un buen estudiante, que me había portado mal, pero igual quería mis regalos, y ¡ay del Niño Jesús si no me traía lo que le pedía!, pues mi carta de reclamo sería algo apoteósico.
Nunca tuve que utilizar ese recurso, Él siempre se portó bien conmigo. Aunque en ocasiones tenía maneras de decirme y demostrarme que sabía que me había portado un poco mal y que por eso no estaba recibiendo exactamente lo que había pedido.
¿Recuerdan a los Thundercats? Yo era fanático de esa comiquita que pasaba RCTV a finales de los ochenta. La veía todos los días sin falta, tenía el álbum de barajitas y usaba un palo de escoba como mi espada del augurio. Un diciembre le pedí al Niño Jesús que me trajera a León-O, el líder de los felinos galácticos.
Yo tenía un amigo que tenía un León-O, y como buen niño envidioso pues yo quería uno para mí. El muñeco venía con un anillo que se conectaba en su espalda y le brillaban los ojos, tal cual la comiquita. Yo tenía que tener esa maravilla también.
Llegó el día y el Niño Jesús cumplió, me trajo un Thundercat, pero no el que yo había pedido y tampoco uno que apareciera en la comiquita. Ah, y de anillo para que le brillaran los ojos, nada. Me molesté, pero lo acepté. Ese año no me porté bien y no podía seguir tentando a mi suerte.
Tiempo después, me di cuenta de que me trajo al Thundercat ciego, por eso nada de anillo. La moraleja de esta historia es que el Niño Jesús lo sabe todo y nadie, es decir, nadie, puede engañarlo.
Andrés Schmucke
@andy_schmucke











