«Los días previos a su huida marcaron simplemente el preámbulo de lo que posteriormente se convirtió en noticia mundial»
Giovanna De Michele.-Sin lugar a dudas, Luisa Ortega Díaz se ha convertido en un enigma para muchos dentro y fuera de Venezuela. Sus acciones, declaraciones y denuncias emiten múltiples mensajes acerca de la institucionalidad venezolana, así como sobre la probidad de los principales mandos en el gobierno del presidente Nicolás Maduro.
Los días previos a su huida marcaron simplemente el preámbulo de lo que posteriormente se convirtió en noticia mundial. En medio de rechazos nacionales e internacionales a la instalación de la ANC y graves cuestionamientos a la pulcritud del sistema electoral, la Fiscal abandonó el país de madrugada en un viaje marítimo clandestino y apareció de pronto en la capital colombiana, luego de haber sido destituida de su cargo y buscada sin éxito por los cuerpos de seguridad del Estado. Con ello quedaron muy mal posicionados quienes comandan dichos organismos, así como quienes tienen la tarea de administrar justicia en el país.
Posteriormente, sus declaraciones sobre las supuestas participaciones de altos líderes políticos venezolanos en el mayor entramado de corrupción de la historia latinoamericana, mueven el foco de atención hacia otro indicador vital de la salud institucional de un Estado democrático, como lo es la declaración jurada de patrimonio y los correspondientes procesos de rendición de cuentas de los funcionarios públicos. Todo lo anterior sin entrar a considerar el consecuente incumplimiento de diversos convenios internacionales ratificados por el Estado venezolano, en los cuales se compromete a luchar contra la corrupción.
Sin embargo, el mensaje más estridente lo manda la propia comunidad internacional, reconociendo en la persona de Luisa Ortega Díaz la jefatura del Ministerio Público de Venezuela, pese a que fronteras adentro ya existe un reemplazo que no solamente hace uso efectivo de la infraestructura del organismo, sino que, además, emite y ejecuta órdenes que se acatan en la estructura del Estado.
De esta manera se sigue pulverizando la imagen internacional del Estado venezolano, que actualmente es cuestionado en lo concerniente a la legitimidad de sus poderes públicos, así como en lo relativo a su capacidad para manejar la peor crisis económica, política y social que se haya conocido en toda la historia republicana de Venezuela.
Giovanna De Michele
@giovdemichele











