El gobierno de los Castro, convertido en dictadura hereditaria, después de más de 50 años en el poder, hoy confiesa haber fracasado en el propósito de que el modelo político que han impuesto a la fuerza y en nombre de la revolución, produjera al hombre nuevo, o sea, un ser humano lleno de virtudes, viviendo además en un país donde reina la libertad, el progreso material y la realización espiritual estimulada por el desarrollo cultural.
Para sustentar la afirmación anterior, citamos textualmente parte del discurso de Raúl Castro el pasado 7 de julio ante la Asamblea Nacional de ese país (cito):
“…Así, una parte de la sociedad ha pasado a ver normal el robo al Estado. Se propagaron con relativa impunidad las construcciones ilegales, además en lugares indebidos, la ocupación no autorizada de viviendas, la comercialización ilícita de bienes y servicios, el incumplimiento de los horarios en los centros laborales, el hurto y sacrificio ilegal de ganado, la captura de especies marinas en peligro de extinción, el uso de artes masivas de pesca, la tala de recursos forestales, incluyendo en el magnífico Jardín Botánico de La Habana; el acaparamiento de productos deficitarios y su reventa a precios superiores, la participación en juegos al margen de la ley, las violaciones de precios, la aceptación de sobornos y prebendas, el asedio al turismo y la infracción de lo establecido en materia de seguridad informática.
Se ha afectado la percepción respecto al deber ciudadano ante lo mal hecho y se tolera como algo natural botar desechos en la vía, hacer necesidades fisiológicas en calles y parques, marcar y afear paredes de edificios o áreas urbanas, ingerir bebidas alcohólicas en lugares públicos inapropiados y conducir vehículos en estado de embriaguez, el irrespeto al derecho de los vecinos no se enfrenta, florece la música alta que perjudica el descanso de las personas, prolifera impunemente la cría de cerdos en medio de las ciudades, con el consiguiente riesgo a la salud del pueblo; se convive con el maltrato y la destrucción de parques, monumentos, árboles, jardines y áreas verdes; se vandaliza la telefonía pública, el tendido eléctrico y telefónico, alcantarillas y otros elementos de los acueductos, las señales del tránsito y las defensas metálicas de las carreteras…” (Fin de la cita). Lo reconoce Raúl Castro.
Por Omar Barboza











